Rey de Parque Patricios

Ringo Bonavena: a 45 años de la muerte de un mito

El boxeador fue asesinado de un tiro en el pecho en un confuso episodio el 22 de mayo de 1976. Tenía solo 33 años.
por Ayelén Bonino |
Oscar Ringo Bonavena. Fuente: Télam. 

Oscar "Ringo" Bonavena. Fuente: Télam. 

Aquella madrugada del 22 de mayo de 1976 Oscar Natalio Ringo Bonavena pensó que la suerte estaba de su lado. Había ganado dos mil dólares en el Harra's Casino de la ciudad estadounidense de Reno, donde vivía desde hacía unos meses y, por extraño que pareciera dadas las circunstancias que lo rodeaban, nada le hizo suponer que esas serían sus últimas horas. Poco después de las seis, se subió a su auto, un Chevrolet marrón modelo Montecarlo 75, y tomó la ruta 80 camino al Mustang Ranch. El lugar era por entonces el prostíbulo legal más grande del mundo, regenteado por un ex taxista de origen siciliano llamado Joe Conforte.

Antes de aventurarse a su trágico destino, el boxeador hizo dos paradas. La primera, en la casa rodante que tenía aparcada en la parcela de Lockwood, donde buscó seis mil dólares. La segunda, en una cabina donde llamó a Sally Burgess, una madama de 59 años y representante ocasional del peso pesado. Era, además, la ex esposa de Conforte, aunque no estuvieran oficialmente divorciados. “No busques tu pistola. La saqué del cajón”, le dijo el argentino por teléfono. “¡Es un suicidio que vayas!”, le respondió Sally. Fueron las últimas palabras que mantuvieron.

Bonavena: un viaje sin retorno

Ringo había llegado a Estados Unidos en enero de 1976, luego de que su entonces mánager, Joe Montano, transfiriera su contrato a Conforte. El púgil añoraba una nueva pelea contra Muhammad Ali tras su recordada derrota en el Madison Square Garden en 1970. No viajó solo. Lo acompañó su amigo Julio Morales y en el aeropuerto los recibió Willard Ross Brymer, guardaespaldas personal del empresario siciliano y uno de los personajes clave en el desarrollo de los hechos.

La Ciudad de Reno estaba ligada desde sus orígenes a la prostitución y al negocio del boxeo. Allí, Joe era uno de los hombres más poderosos. Manejaba el Mustang Ranch junto a otros cuatros prostíbulos y un restaurante. Tenía, además, decenas de terrenos y propiedades, incluida la parcela de Lockwood donde Bonavena instaló su casa rodante. Contaba, también, con varios años previos en prisión y sentencias por sobornos a jueces, senadores e intendentes para llevar a cabo sus negocios.

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Sally Burgess y Joe Conforte.

Sally Burgess y Joe Conforte.

De acuerdo a datos recopilados por el libro “Ringo y Joe”, de Omar López Mato, el porteño de Parque Patricios y el italiano congeniaron de forma rápida. Al hombre de negocios le cayó bien este joven "grandote, de zurda feroz, locuaz y dicharachero”. Pero la simpatía duró poco. El boxeador entabló también un fuerte vínculo con Sally, la ex pareja del capo. En una entrevista brindada a la revista Gente el 15 de julio de 1976, la mujer contó cómo el luchador la ayudó a superar la parálisis de una pierna tras un accidente de auto que la mantuvo internada por meses.

“Me sentía vencida y abandonada por todo y por todos. Fue en ese momento cuando Oscar entró en mi casa”, detalló en el reportaje, y aseguró que deportista la llevaba al gimnasio para hacer rehabilitación, iban al cine, a pasear y a comer con amigos. Dijo, además, que Bonavena le pidió que fuera ella su mánager en reemplazo de Conforte. No solo eso. Sallly le ayudó a conseguir los documentos como residente de los Estados Unidos y para eso hizo que se casara con una de las empleadas del Mustang Ranch: Cheryl Anne Rebideaux, de 24 años. La chica era también cortejada por el guardaespaldas Willard Ross Brymer.

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Revista Gente de 1976. Ringo Bonavena posa junto a Sally Burgess. Fuente: Archivo Tea.

Revista Gente de 1976. Ringo Bonavena posa junto a Sally Burgess. Fuente: Archivo Tea.

En Reno, el argentino protagonizó un solo combate. Tuvo lugar el 27 de febrero ante Billy Joiner, con un ring rodeado de mesas, risotadas, champagne, millonarios, mucho humo y camareras casi desnudas. A Bonavena, el espectáculo le pareció un “circo” y se negó a volver a pelear. A partir de ese momento, la relación con Conforte comenzó a tensarse y las cosas se precipitaron el 15 de mayo de 1976 cuando se inauguró el Mustang Ranch 3.

Según el siciliano, esa noche Ringo les preguntó a los invitados, importantes políticos y funcionarios, qué les parecía “su nuevo hogar’” mientras los recibía. La frase no pasó desapercibida. Esa madrugada, mantuvo una violenta pelea con Brymer y poco después las pertenencias y documentos del atleta aparecieron quemados en su casa rodante. Nuevamente, fue Sally la que salió a su rescate. Juntos, viajaron a San Francisco para gestionar en el Consulado un nuevo pasaporte.

Los últimos minutos de Bonavena

Según consigna el periodista Ezequiel Fernández Moores en su libro “Díganme Ringo”, la madrugada del 22 de mayo de 1976 Bonavena bajó de su auto con un cigarro toscano en la boca. La primera que lo vio acercarse fue Neva Tate, la administradora del prostíbulo, que, con rapidez, llamó a uno de los guardias de seguridad. Uno de ellos, John Coletti, se acercó y le dijo que tenían órdenes de no dejarlo pasar. “Quiero ver a Joe ¿Por qué está enojado conmigo?”, le respondió el púgil mientras sacudía las rejas. De acuerdo a Coletti, Conforte no quería recibirlo porque “le había robado a Sally y andaba por ahí diciendo que se iba a quedar con todo”.

Los gritos despertaron Brymer, quien agarró un fusil 30.06 y se precipitó a ver qué pasaba. Lo que sucedió esa madrugada es un misterio. De acuerdo a las versiones más difundidas, en algún momento el boxeador intentó agacharse para sacar el arma de Sally que llevaba en una bota y Brymer le disparó. La bala le atravesó el corazón y el hombre cayó de espaldas junto a su auto. Adentro, el único que parecía no haberse enterado del violento cruce era el dueño del lugar. Conforte dormía en su suite cuando un llamado lo sacudió. Era Neva Tate, la administradora, que le avisaba que el cadáver de Bonavena "estaba en la puerta del Ranch”.

Muerte y misterio

En Argentina, el homicidio significó en tembladeral. “Creo que fue asesinado por una combinación de factores. Ringo estaba desbordado y perdió alguna noción de la ubicación. Él era muy bravucón, muy respondón y muy rey de Parque Patricios. Jugaba con las situaciones límite, que no pasaban muchas veces de la pirotecnia verbal, pero ahí estaba con un mafioso en serio", explica Ezequiel Fernández Moores ante la consulta de A24. "No podía jugar a ser el rey de Parque Patricios con ese rey de Reno que era local y que tenía a sus custodios, su protección y un sheriff que lo iba a proteger”, agrega.

En rigor, en una entrevista al diario Crónica publicada el 29 de mayo de 1976 Conforte contó que sospechaba que su ex mujer y el joven buscaban “desplazarlo” del negocio de la prostitución. Por esos días, Dora Raffa, la ex esposa del boxeador que residía en Argentina, afirmó, también al diario Crónica, que Bonavena había sido amenazado. El peso pesado le había transmitido sus inquietudes por teléfono el día previo a su muerte.

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Willard Ross Brymer, el asesino de Ringo Bonavena. Fuente: Archivo Tea.

Willard Ross Brymer, el asesino de Ringo Bonavena. Fuente: Archivo Tea.

Poco después del crimen, Sally arrojó más luz sobre el hecho. Dijo que odiaba a a su ex marido “con toda su alma”, y que estaba separada de él hacía 11 años, pero que por cuestiones de negocios el hombre le negaba el divorcio. Recalcaba, además, que era la dueña de “la mitad del Mustang” y otras propiedades; y que Brymer había quemado las cosas de Bonavena. Y para que no quedaran dudas, reveló que durante el viaje a San Francisco recibieron amenazas para que no regresaran a Reno.

Bonavena: clamor humano y despedida

Jamás se supo con exactitud desde dónde disparó Brymer. En el juicio que se llevó a cabo en los meses posteriores se dijo que fue desde lo alto de una de las torres de vigilancia del Mustang, aunque se sospecha que se realizó a muy corta distancia. Los motivos sobre porqué Ringo fue esa noche al prostíbulo también son inexplicables. Sus familiares afirman que, horas antes de su muerte, recibió un llamado a modo de provocación, ya que el púgil tenía programado un viaje a Buenos Aires la noche del mismo 22 de mayo. Otro detalle que llamó la atención fue el arma de Sally que Ringo llevaba esa madrugada: se encontró dentro de su bota derecha, aunque el boxeador era zurdo.

Gracias a gestiones de su hermano Vicente, el cuerpo del ídolo arribó a la Argentina a las 23.50 del viernes 29 de mayo. Llegó en el vuelo 371 de Aerolíneas Argentinas y a las 2 de la mañana fue alojado en el estadio Luna Park que tantas veces lo había visto pelear. Allí, una fila de 2000 personas pugnaba por ingresar a despedirlo. La cantidad de gente era tal que debió intervenir el IV cuerpo con efectivos de la Policía Montada y Gendarmería Nacional. Las colas llegaron a ocupar las calles Bouchard, Lavalle y Madero. Ese día, Doña Dominga, madre de Bonavena, vio el cuerpo de su hijo y se descompensó. Carlos Monzón, Amílcar Brusa, Miguel Ángel Brindisi y el Bambino Veira fueron algunos de los que se acercaron para despedirlo.

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Portada del diario Crónica del 22 de mayo de 1976 sobre la muerte de Bonavena. Fuente: Archivo Tea.

Portada del diario Crónica del 22 de mayo de 1976 sobre la muerte de Bonavena. Fuente: Archivo Tea.

El cortejo fúnebre partió a las 13.15 del domingo 30 de mayo tras una breve misa. Trece coches portacorona y decenas de automóviles protagonizaron la lenta y definitiva marcha hasta el Club de Huracán. Miles de vecinos del barrio de Parque Patricios se acercaron a dar el último adiós. Fue enterrado en el Cementerio de la Chacarita.

“Ringo murió a los 33 años y no estaba retirado. Y creo que eso hizo que la leyenda se agrandara. Él era muy hijo de Buenos Aires y reflejaba mucha porteñidad, para bien y para mal. Esa mitología que se creó es una evolución de todo lo que Bonavena fue para Buenos Aires. Creo que la muerte lo hizo mito. En vida no era un ídolo, pero sí era popular. La mitad del Luna Park iba a ovacionarlo y la otra mitad iba a putearlo. Y cuando murió, pasó a ser una leyenda”, concluye Fernández Moores.

Por el crimen, Ross Brymer cumplió catorce meses de sentencia y salió en libertad bajo fianza, pero volvió a caer preso por tenencia de drogas. Tiempo después del asesinato, Joe Conforte se debió exiliar en Brasil por evasión impositiva y nunca se supo su paradero con exactitud. Jamás se lo investigó por el homicidio. Sally Burgess murió en 1992.