Rosario: una ciudad bajo la sombra de Los Monos
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Rosario: una ciudad bajo la sombra de Los Monos

Qué pasó. El 9 de abril se leyó la sentencia del juicio a Los Monos. Los jefes de la banda recibieron duras penas: Ramón "Monchi Cantero" Machuca recibió 37 años de prisión como jefe del clan e instigador de cuatro homicidios y su hermano de crianza, Ariel "Guille" Cantero, 22 años, en carácter de jefe de la banda y autor de otro crimen. Parecía el final, pero fue un nuevo comienzo.

  • Fueron rechazados los planteos de nulidad de las defensas y se condenó a 19 personas, entre civiles y empleados de fuerzas de seguridad, con penas cercanas a las que habían pedido los fiscales. Lo que era un fallo ejemplificador, celebrado por la política y la sociedad, no le puso paños fríos a la violencia, sino todo lo contrario.

Punto de quiebre. El 29 de mayo pasado dos casas en las que había vivido el juez Ismael Manfrín, el presidente del tribunal que condenó a Los Monos, fueron blanco de ataques a balazos. Las balaceras se registraron horas después de que la Justicia Federal autorizara el traslado de Guille Cantero a una cárcel de máxima seguridad en Resistencia, Chaco. Eso era  justo lo que el líder la banda no quería y por lo que sus abogados habían interpuesto un habeas corpus que Manfrín rechazó.

  • De ahí en más, se sucedió una serie de tiroteos contra las viviendas de jueces y policías que tuvieron participación en la investigación, instrucción y condena de los cerebros de la organización criminal que, a sangre y fuego, montó un red de narcotráfico en Rosario. La saga culminó el sábado 4 de agosto con el ataque al nuevo Centro de Justicia Penal, donde a partir de hoy un tribunal presidido por la camarista Gabriela Sansó se revisará el fallo del juicio a Los Monos.

Lo que importa. Ese mismo día el gobernador Miguel Lifschitz calificó la situación de “muy preocupante”, destacó la necesidad de “una respuesta dura, unánime, firme” a la ola de violencia contra los magistrados rosarinos y disparó: “Se está poniendo en juego la institucionalidad. Hemos pateado un hormiguero, esto está claro, y lo seguiremos haciendo”. Se refería, claro está, al desbaratamiento de la banda Los Monos.

  • No pasó una semana y en una conferencia de prensa en la que estuvieron los jefes de los fiscales, Nicolás Baclini y Patricio Serjal, y el ministro de Seguridad Maximiliano Pullaro se anunció con bombos y platillos que se había detenido al autor material de la balacera contras las casas del juez Manfrín y, lo que fue más impactante aún, se reveló quién había sido el autor intelectual del atentado: Guille Cantero.
  • Ese mismo día, cuando la ministra estaba reunida con el gobernador, en su última actividad antes de abandonar la ciudad, trascendió que había esa madrugada había habido una nueva balacera. Esta vez contra el edificio contiguo al del padre de la jueza Marisol Usandizaga, también integrante del tribunal que condenó a Los Monos. Otras antiguas propiedades de la magistrada, quien fue trasladada a Villa Constitución, habían sido atacadas.
  • La jueza es hija del exintendente de Rosario y expresidente de Central Horacio Daniel Usandizaga, pero siempre quedó claro que los atentados iban dirigidos a ella, por su intervención en el juicio al clan Cantero.

La cruel realidad. Eso fue el martes 7 de agosto, tres días más tarde, el viernes, la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, desembarcó en Rosario para expresar su solidaridad con los magistrados que habían sufrido atentados intimidatorios y garantizar, a partir de este rimbombante logro investigativo, que el Poder Judicial podía hacer su trabajo con tranquilidad y confianza.

Entrelíneas. Pese a que en público jueces y funcionarios insisten con que seguirán firmemente el combate contra el crimen organizado, en voz baja expresan el nerviosismo que la situación causa en los tribunales. A los pocos días de que fuera blanco de una acción intimidatoria, el juez Manfrín se excusó de tratar las apelaciones que presentó la defensa de los abogados de Los Monos. Expuso sus razones, pero quedó flotando la duda de si no había tomado la decisión empujado por el peligro al que se sentía sometido.

Hoy el tribunal que preside Gabriel Sansó e integran Carolina Hernández y Bibiana Alonso deberán examinar las 17 condenas y tres absoluciones del juicio a Los Monos. Lo harán bajo medida de seguridad extremas, en un Centro de Justicia Penal blindado por una policía santafesina recargada a  la que, para poder garantizar la labor de la Justicia, se le suspendieron las licencias y vacaciones.

El trámite se cumplirá, sin embargo, bajo la sombra de las amenazas contra los jueces. Ayer un edificio ubicado en pleno centro rosarino, donde años atrás había vivido la familia de la presidenta del tribunal que revisará la condena de Los Monos, recibió 25 impactos de arma de fuego. Fue de madrugada, en calle San Luis, donde a la luz del día se concentra uno de los movimientos comerciales de la ciudad. La desgracia es la oscuridad.