Ganadería

Exportaciones de carne: el Gobierno envía señales de tranquilidad al sector

Desde los ministerios de Agricultura y de Desarrollo Productivo dijeron a empresarios que no avalan la idea de cierre. ¿Alcanza para calmar a los productores?
por Marcos Lopez Arriazu | 14 de abril de 2021 - 07:00
Algunos sectores del Gobierno no ven con buenos ojos la posibilidad de cerrar exportaciones (Foto: archivo).

Algunos sectores del Gobierno no ven con buenos ojos la posibilidad de cerrar exportaciones (Foto: archivo).

El viernes pasado, la secretaria de Comercio, Paula Español, encendió la mecha de una bomba que por estos días genera pánico en toda la ganadería. "No nos va a temblar el pulso a la hora de cerrar las exportaciones de carne", afirmó la funcionaria en una entrevista radial, a la vez que planteó la detección de "comportamientos especulativos" en el sector.

Las reacciones no tardaron en llegar: el rechazo de toda la cadena de ganados y carnes en su conjunto, expresado a través de numerosas entidades. Tampoco se quedó aparte la política, con duras críticas por parte de la oposición y la citación al Congreso de Español y el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, para que den explicaciones sobre la amenaza, además del instigamiento a empresas alimentarias de "producir al tope de su capacidad instalada".

La secretaria de Comercio Interior, Paula Español ordenó extender la red de controles de precios en todo el país (Foto: Secretaría de Comercio Interior)
Paula Español encendió el temor de los productores al afirmar que al Gobierno no le temblaría el pulso para cerrar las exportaciones de carne.

Paula Español encendió el temor de los productores al afirmar que al Gobierno no le temblaría el pulso para cerrar las exportaciones de carne.

Sin embargo, entrada la semana, desde otras áreas de Gobierno comenzaron a enviar señales para tratar de calmar el ánimo ganadero.

La primera en diferenciarse de Español fue la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca, quien en una entrevista en FM Urbana Play aseguró: “No estamos en ese punto”. Para luego añadir: “Lo que sí nosotros hemos dicho claramente es que tiene que estar normalmente abastecido el mercado interno y a precios razonables”.

Desde el agro, vieron con buenos ojos esta intervención. Dardo Chiesa, coordinador de la Mesa de las Carnes (agrupamiento que nuclea a los eslabones de las cadenas bovina, porcina, aviar y ovina), consideró que "no es menor que Cecilia Todesca haya salido a decir que no hay intensión de este tipo de cosas porque es vicejefa de Gabinete, lleva el control horizontal de los números de todos los ministerios y es la persona que de confianza del Presidente".

Además, reveló que no fue la única señal emitida desde el Gobierno. "Los mismos mensajes he recibo de Kulfas y de Basterra (Luis, ministro de Agricultura), lo que nos trae cierto tipo de tranquilidad", reveló en charla con Led.FM.

De todos modos, el empresario lamentó las declaraciones de Español y subrayó que "el daño ya está hecho". Chiesa apunta al golpe que recibió la confianza de los ganaderos.

"La confianza no es objetiva. Vos no tenés 20 o 30% de confianza, vos tenés confianza o no tenés. Cuando la Secretaría de Comercio sale a decir esto se prenden todas las alarmas, generando desconfianza en todos los niveles de inversión", agregó.

El por qué de la amenaza

Además de duras, las declaraciones de Español fueron sorpresivas para muchos ganaderos que esperaban avances del diálogo en el marco del Consejo Agroindustrial. Para otros tantos, se inscriben en una vieja disputa entre el kirchnerismo de pura cepa y el sector agropecuario.

Pero, ¿qué buscaba la funcionaria? La hipótesis con más vuelo en el empresariado es que la secretaria de Comercio decidió endurecer el discurso en el marco de la negociación por la prórroga del acuerdo de precios para la carne vacuna que vence este jueves 15 de abril.

"La negociación está dura porque hay limitantes de todo tipo para llegar a un nuevo margen de precios. Por ejemplo, hoy la industria frigorífica está en negociaciones paritarias, así que por un lado tiene que cerrar un nuevo acuerdo de precios y al mismo tiempo otro de salarios", explicó Chiesa.

Además, los frigoríficos temen por las consecuencias que pueda traer la segunda ola de coronavirus. En 2020, la primera no solo limitó las exportaciones, sino que deprimió el consumo interno por el cierre de restaurantes y comedores escolares, además de aumentar los costos por la implementación de protocolos y la menor disponibilidad de personal por factores de riesgo. A esto se sumó el cierre transitorio de plantas a medida que se fueron sucediendo los casos positivos de Covid-19.

Y como si esto fuera poco, el mercado interno cada vez tracciona menos y las exportaciones, si bien se recuperan en volumen, están lejos de la facturación de hace un año.

En marzo, desde la industria le pidieron al Gobierno suspender el programa de ofertas por 60 o 90 días mientras se clarifica el escenario. Pero la Secretaría de Comercio se muestra convencida de avanzar con el acuerdo en lo inmediato. La carne más barata es vital en un año electoral.

Para Chiesa, "el debate dentro del Gobierno es muy fuerte y Paula Español está muy presionada por algunos sectores". En tanto, puso el foco en dos circunstancias que hacen ruido en la cadena de poder: que Alberto Fernández esté atravesando un episodio de coronavirus y el centro de su agenda esté en el tratamiento de la pandemia; y que Martín Guzmán esté fuera del país.

Consideró "paradójico que se haya lanzado este comentario desde Comercio Interior sin que Martín Guzmán esté en el país. Por eso hablo de un endurecimiento de gestión", sentencia Chiesa.

Comportamiento especulativo y control de precios

Desde 1810, la gran mayoría de los gobiernos siguieron de cerca el precio de la carne considerando que de la facilidad o dificultad para acceder al producto depende gran parte del humor social. En esta tarea, muchas autoridades denunciaron comportamientos especulativos sobre el abastecimiento y abusos en la fijación de precios al consumidor.

Lo cierto es que hoy la cadena de la carne vacuna es uno de los sectores económicos más atomizados de la Argentina y las posibilidades de cartelización son prácticamente nulas.

Para darnos una idea, la Argentina posee cerca de 55 millones de cabezas de ganado bovino divididos en más de 200 mil establecimientos agropecuarios. Claro que hay productores grandes, medianos y chicos pero, por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires, que posee el 35% del stock nacional, unos 20 mil productores manejan el 84% de ese rodeo. Es decir, una cifra enorme como para ser considerada una actividad concentrada.

En cuanto a lo comercial, por el Mercado de Liniers, que marca el precio de referencia para la hacienda de consumo interno, pasa solo el 10% de la hacienda que se vende en el país. Es decir, hay un 90% que transita por otras múltiples vías comerciales, entre mercados concentradores locales, remates feria y venta directa a frigoríficos, ya sea en acuerdos productor-industria, o a través de la intermediación de los miles de consignatarios que trabajan en todo el país.

En esta etapa hay actores con intereses que a veces van en sintonía y otras en dirección opuesta. Por ejemplo, el consignatario toma hacienda de los ganaderos y la vende en remates o directamente a frigoríficos. Pero muchas veces, compite con el mismo frigorífico en la compra al productor.

En en el eslabón industrial, el 76% de la faena se hace en frigoríficos de control nacional y 24% en mataderos con habilitaciones locales. De acuerdo a los datos de la Dirección de Control Comercial Agropecuario, sobre un total de más de 400 establecimientos que remiten información, las diez principales empresas faenan alrededor del 30% del total nacional. Dicho de otra forma, hay un 70% del procesamiento que está absolutamente disperso.

Además, que la faena se haga en frigoríficos no significa que estos sean siempre los dueños de los animales procesados, ni que después comercialicen la carne. En la Argentina hay unos cuatro mil matarifes y abastecedores, actores que no tienen plantas de faena propia, y que, mayormente, tampoco cuentan con hacienda ni carnicerías. Su negocio es la compra de animales y la posterior distribución mayorista de carne, dejándole la faena y la venta al público a terceros.

Los matarifes son un actor importante en la construcción del precio de la carne: en el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA) abastecen a alrededor del 75% de las carnicerías. Un actor importante, pero también con muchos jugadores.

Y finalmente, llegando al mostrador, el 75% de la carne que comemos en nuestros hogares es comprada en carnicerías y solo el 25% en supermercados. Un estudio del IPCVA de 2008 señalaba que en el AMBA había entonces 12.000 carnicerías. También un número enorme para pensar en acuerdos por abajo de la mesa.

Escasez estructural

Lo cierto es que este año la faena viene en baja y existen varios motivos productivos que explican la menor disponibilidad de hacienda y la reducción de oferta de carne al mercado interno. Pero más allá de la coyuntura, hay un motivo estructural que genera fricciones entre oferta y demanda, repercutiendo sobre el precio.

Un reciente informe de la consultora AgroIdeas arroja que mientras en 1980 la disponibilidad de carne vacuna era de 83,44 kg por habitante al año, en 2020 se redujo a 52,48 kg.

¿Qué pasó para que se de una baja tan fuerte? Comparando solamente esos dos años, vemos que el aumento de la producción fue casi en su totalidad a la exportación, mientras que lo volcado al mercado interno fue prácticamente igual. Al mismo tiempo, la población argentina tuvo un salto del 62%.

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El crecimiento de la exportación y de la población argentina supera ampliamente el de la producción de carne.

El crecimiento de la exportación y de la población argentina supera ampliamente el de la producción de carne.

Claro que en el mismo período hubo un gran crecimiento de la oferta de carne porcina y aviar que más que compensaron la baja del producto vacuno, permitiendo que la disponibilidad de las principales proteínas cárnicas (vacuna, aviar y porcina) sea de alrededor de 120 kg por habitante al año, entre los más altos del mundo.

¿Qué falta para que la producción de carne vacuna despegue? Básicamente reglas claras y una macroeconomía estable que dinamicen la inversión. Fácil decirlo, pero en la Argentina algo absolutamente desconocido.

Consecuencias de la intervención

El recuerdo del cierre de exportaciones de marzo de 2006 y la intervención en el mercado de carnes para regular los precios impulsada por el secretario Guillermo Moreno es muy reciente.

"La Argentina perdió 12 millones de cabezas, más de 3.000 puestos de trabajo y ciento y pico de frigoríficos cerraron. Esto nos pasó hace poco, no tenemos que agarrar los libros de historia para saber que pasó, fue una tragedia nacional", recordó Chiesa, que también fue presidente de Confederaciones Rurales Argentinas y del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina.

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Dardo Chiesa, actual coordinador de la Mesa de las Carnes y expresidente de CRA y del Instituto de promoción de la Carne Vacuna Argentina.

Dardo Chiesa, actual coordinador de la Mesa de las Carnes y expresidente de CRA y del Instituto de promoción de la Carne Vacuna Argentina.

Además, planteó que hoy "estamos envueltos en una escasez de carne por esos millones de cabezas que se perdieron. Si no la ecuación sería distinta, estaríamos exportando más y habría más carne para el consumo interno".

Hace 15 años, se hablaba de "mesa de los argentinos", ahora Todesca se refiere a "precios razonables".

¿Qué vendrían a ser los precios razonables? Para Chiesa, "se confunde el concepto de lo que es caro o barato con respecto a la accesibilidad del producto". En esa línea de pensamiento, señala: "No puedo decir que la carne está cara, pero sí puedo decir que no es accesible para todos. Pero pasa con la carne lo que pasa con todos los productos en la Argentina. Es cara la nafta, el gasoil, la leche, las pastas, todo es caro".

No es un problema del precio de los productos, "la crisis económica de la Argentina afecta el poder adquisitivo. La gente no gana la plata suficiente para comprar", aseguró.

Y para colmo, el tipo de cambio limita la posibilidad de ir a un modelo de abastecimiento de carne como el de Uruguay, donde actualmente el 25% de la carne vacuna que consume es importada. "Hoy la carne argentina está más barata que la carne de calidad de Uruguay, Paraguay y Brasil", explicó Chiesa.

Según un relevamiento del movimiento CRA de marzo, el 46% de los ganaderos planea aumentar los vientres a entorar este año, el 40% prevé destetar más terneros y el 39% aumentó su superficie de pasturas y verdeos. Traducido, estamos hablando de que casi la mitad de los ganaderos está invirtiendo más en su negocio y apostando a una mayor producción de carne.

A su vez, la Fundación FADA señaló la semana pasada que cerca del 40% de los 422 mil empleos que genera el complejo de la carne está asociado a las exportaciones.

Ahí es donde más daño hacen las declaraciones de Español: generan mucha incertidumbre a quienes hoy apuestan a producir más, creando puestos de trabajo. Son un tremendo embate a la confianza que requiere la inversión.

¿Alcanzan los nuevos mensajes oficiales (más tibios) para disipar los temores? "Lo peor que puede pasar para una inversión es la desconfianza. Después de las declaraciones de la secretaria de Comercio, te puede decir el Papa que no van a cerrar las exportaciones. Pero el manto de sospecha se lanzó", concluyó Chiesa.

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