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Fernando Rivara, Presidente de la Federación de Acopiadores, entidad que en mayo organiza el congreso "A todo trigo".
Esto nos lleva a mirar con envidia a nuestros vecinos -y competidores- de Brasil, porque desde hace décadas han asumido políticas agropecuarias como verdaderos programas de Estado, más allá de la orientación ideológica de sus mandatarios de turno. Para graficar con un dato: el gigante sudamericano es hoy el segundo exportador mundial de maíz, cuando hace algunos años importaba este grano de la Argentina. Envidia, sí, porque los gobiernos brasileños siempre han apoyado e incentivado a sus productores y su actitud nunca ha sido de prejuicio, crítica infundada o burla.
La Argentina merece un análisis profundo de los factores que le impiden aprovechar las posibilidades de desarrollo que brinda su agroindustria. ¿Por qué en vez de potenciar se busca limitarla? ¿Cómo capitalizar este momento? ¿Cómo generar las condiciones para el despegue económico? Hoy, como hace cien años y como consecuencia de un conflicto desatado en Europa, la Argentina se encuentra frente a la cuestión de “crecer o retroceder”. Ese precisamente será el lema de A Todo Trigo, el principal congreso dedicado a este cultivo de invierno que se realizará el 12 y 13 de mayo en Mar del Plata, y abordará las distintas facetas de su cadena productiva, desde la semilla a las góndolas.
Nuestro país ya acarrea demasiados problemas como para persistir en la maldición de no entender un momento extraordinario. La historia demanda que los diferentes sectores, público y privado, alcancen los consensos que impulsen una agroindustria más pujante, exportadora y generadora de divisas. Las restricciones y el aislamiento —ya lo hemos visto— nos han condenado a la inflación y a la pobreza. Oportunidades como éstas no se presentarán siempre. Ojalá podamos aprovecharlas para bien de todos.
El autor es presidente de la Federación de Acopiadores.