Campazzo, Deck, Delia, Vildoza, Lapprovitola, Garino y compañía son el legado de un método que la marca Argentina continúa pese a no contar con ningún jugador en la NBA. Un legado que marca que el talento no alcanza, si no hay trabajo mancomunado detrás de un objetivo. Para esta selección sin imposibles el del domingo es un paso más ante la inmortalidad del resultado. Porque la inmortalidad del recuerdo ya la consiguió. De cualquiera de los hinchas que cantaban en Beijing "el domingo tenemos que ganar" y no lo hacían por inercia, como cuando los 'huevos' pueden más que todo. Lo hacían porque creían de verdad que este equipo puede ganarle a España.
No tan lejano a lo que creía un Manu Ginóbili que no solo lloraba de felicidad al costado de la cancha mientras se abrazaba con Scola, sino que además se había sacado la mochila de encima de que su poster, y el de su generación, todavía seguía pegado en soledad en las paredes de muchos chicos que aman picar la pelota. Esos mismos chicos que hoy, después de haber gritado de alegría, están haciéndole lugar a la foto de este equipo que siguió con el ejemplo que les dejaron gracias al proyecto. Porque esta selección es un resultado del proyecto. Aunque sea en Argentina.