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Postales que dejó un Coloquio de Idea marcado por la despedida, la intención de acuerdos y la crisis

Postales que dejó un Coloquio de Idea marcado por la despedida, la intención de acuerdos y la crisis
Hernan Lacunza, Ministro de Hacienda, vía teleconferencia, en el último día del coloquio. (Foto: IDEA)

Los pocos funcionarios oficialistas pasaban por el lobby del hotel Sheraton de Mar del Plata. Esta vez no se arremolinaban a su alrededor. Vista con minuciosidad, esa era una postal. Postal de la despedida. Como el aplauso cerrado y de pie de los empresarios y empresarias cuando habló María Eugenia Vidal, luego de hacer un detalle pormenorizado de su gestión. A pesar de que la gobernadora quiso mostrarse esperanzada, batallante y consecuente, los números surgidos de las PASO desinflan a priori cualquier espíritu de remontada. En el salón se sentía.

Esa despedida, extendida al plano nacional, se sintió en boca de los empresarios que empezaban a mirar para adelante, reacomodarse, y, entre charlas de pasillo, a preguntarse unos a otros qué podría pasar con un presunto gobierno de Alberto Fernández, con Cristina, con un –y muy variado- peronismo ansioso por volver y otras fuerzas políticas que integran el frente.

La posibilidad de que un hombre del mundo de los negocios llegara al sillón de Rivadavia en 2015 albergaba una esperanza que vista en retrospectiva fue directamente proporcional a la desilusión que hoy siente gran parte del empresariado con Macri y la chance mal usada.

Una segunda postal la ofrecieron los sindicalistas. Antonio Caló (UOM) y Héctor Daer (líder de la CGT y del sindicato de la Sanidad) se mostraron en el lobby del Sheraton y las cámaras y micrófonos se acercaban cual rock stars.

Daer obró como una especie de enviado de un Alberto Fernández, que optó por faltar, como un mensaje no dicho. Esta vez el mensaje salió de la boca del sindicalista que decía la palabra que más sonó en estos tres días de coloquio: “Acuerdo”.

El movimiento obrero está dispuesto a sentarse a una mesa de negociación en pos del mentado pacto social propuesto por Fernández, pero exige ver qué cede el empresariado en ese toma y daca.

Lo mismo pasó con los empresarios. Coincidían en la necesidad de un acuerdo, pero todos pedían consistencia, sustentabilidad, seriedad. Ver qué deja de lado el otro para evaluar qué dejo yo. Ahí radicará la concreción efectiva. Si no volverá a ser un sueño incumplido.

Otra postal, la tercera, era la incógnita corporizada en las preguntas de los propios empresarios entre sí sobre qué lugar ocupará el empresariado en la –presunta- nueva estructura jerárquica de actores sociales a los que interpelará el nuevo gobierno.

“Alberto no es Cristina”. “No van a cambiar”. “No hay margen para no cambiar”. “Esta vez sí tenemos que lograr un acuerdo en serio para salir de la crisis de una vez por todas”. “Cada uno deberá ceder algo en la mesa de negociación”. Todas frases escuchadas en distintos puntos espaciales del “castillo” que albergó a quienes producen casi medio PBI.

Por último, el encumbramiento y hegemonización de la palabra “reperfilamiento”. Lo que queda de este año y el que viene la deuda tomará lugares centrales en la discusión económica. Los banqueros privados pidieron que se negocie y se solucione lo más rápido posible. Urgente. Desde el mismísimo 28 de octubre.

Los empresarios también piden que se haga buena letra para no quedarse más apartados de los mercados internacionales y para que vuelva el crédito.

El tiempo apremia, dijo un banquero. “Hasta que se resuelva el tema deuda, en general, no va a venir el crédito y si no viene el crédito, no viene el crecimiento”, agregó.

Del “lado Fernández de la vida” creen que primero viene el crecimiento. Pero todavía no hay un plan económico explicitado. El domingo 27 se empezará a salir de esa incertidumbre. Y entrar en otra etapa. Desconocida.

por Diego Landi - Desde Mar del Plata
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