Arte

Elmyr de Hory: vida y obra del artista que conquistó el mundo con sus falsificaciones

Fue el personaje más enigmático del arte del siglo XX. La vida de un hombre con un talento innato para falsificar las mejores obras y su trágico final. Llegó a realizar obras que hasta engañaron a sus propios autores. ¿Falsificador o imitador de estilos? 
Marcos Marini Rivera
por Marcos Marini Rivera |
Un día

Un día, una amiga estaba de visita en su estudio y pronunció una frase que modificó para siempre el destino de Elmyr de Hory: “Eso es un Picasso, ¿no?”

Elmyr de Hory diseñó su propio mundo de engaños y de interrogantes. Llegó a convertirse en el príncipe de los falsificadores de arte. Por ejemplo, Picasso, Modigliani, Matisse, Cezanne o Chagall fueron algunos de los artistas que él los llegó a reproducir a la perfección. El impostor -de origen húngaro- llegó a vender más de mil falsificaciones de cuadros.

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Elmyr de Hory con algunas de sus falsificaciones.

Elmyr de Hory con algunas de sus falsificaciones.

¿Quién fue Elmyr de Hory?

Nació en 1906 en Budapest y decía siempre que era hijo de aristócratas de origen judío. Sin embargo, llegó a ser bautizado como calvinista. Cuando se trasladó a París, supo para siempre que iba a convertirse en pintor. Allí llegó a conocer a Matisse, Derain y Picasso. Empezó a tener contacto con los mejores artistas del mundo. A pesar de que él quería todo rápido, las cosas se le hicieron super lentas.

El comienzo de la Segunda Guerra Mundial alteró y modificó los planes de Elmyr. Un día la Gestapo, la Policía secreta oficial de la Alemania nazi, le rompió una pierna durante un interrogatorio y tuvieron que enviarlo con urgencia a un hospital. Pero cuando supo que su vida estaba fuera de peligro y vio que la puerta estaba sin vigilancia, se levantó, escapó y llegó hasta Budapest.

Las acusaciones que recibió

De la fortuna de su familia, nada le quedó. Siempre persiguió el sueño de vivir en París, y no paró hasta conseguirlo. En 1945 pudo llegar a la capital francesa e intentó vender cuadros pero nadie se los compraba. Como pintor, reconoció que fracasó en muchas oportunidades. Hasta que un día, su amiga Lady Campbell estaba de visita en su estudio y pronunció una frase que modificó para siempre su destino. “Eso es un Picasso, ¿no?”, preguntó. Con toda la inocencia, ella se lo compró por unas 40 libras una imitación que creyó auténtica. El primer engaño a alguien de su círculo más íntimo ya estaba hecho.

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Elmyr De Hory, el mayor falsificador de arte de la historia.

Elmyr De Hory, el mayor falsificador de arte de la historia.

Su amiga era multimillonaria y se fijó en un Picasso que Elmyr había pintado como mero pasatiempo. Elmyr no sintió ningún remordimiento: se escudaba que todo era por simple supervivencia. Con esas acciones, la pobreza era algo que empezaba a dejar atrás en su vida. Incluso con su talento hizo cosas extraordinarias y pudo a vivir una vida rodeada de lujos y mucho glamour.

Gracias a vender sus falsos Picassos, pronto comenzó a recorrer Europa y obtuvo suficientes ganancias para vivir muy bien, demasiado bien. Un día llegó a reconocer: “Si mis cuadros se colgaran el suficiente tiempo en un museo de pintura, se volverían auténticos”. El nombre de Elmyr de Hory ya se lo asociaba a una de las carreras más polémicas en el mundo del arte.

Su vida estuvo envuelta en controversias y en innumerables problemas legales, que comenzaron cuando Algur Hurtle Meadows, el magnate del petróleo de Estados Unidos y reconocido coleccionista de arte, descubrió que Elmyr le había vendido unas 44 falsificaciones. Pese a esas acciones, su única condena fueron dos meses de cárcel pero por motivos diferentes. Se lo acusaba de homosexualidad, de connivencia con delincuentes y carecer de medios demostrables de subsistencia.

¿Falsificador o imitador de estilos?

Hay una pregunta que todavía flota en el aire cuando se menciona su historia: ¿Es posible pensar que Elmyr de Hory no fuera ningún falsificador, sino un magnífico imitador de estilos de los pintores más famosos? La respuesta busca todavía responderse.

Se supo que parte de su estilo y su técnica es que pintaba los cuadros sin firmar. ¿Quién firmaba los cuadros? Nunca se sabrá si Elmyr conocía o no el destino de sus cuadros firmados. Eso sí, él siempre afirmó que era inocente.

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Una versión falsa de una de las odaliscas, de Henri Matisse, hecha por De Hory.

Una versión falsa de una de las odaliscas, de Henri Matisse, hecha por De Hory.

Durante un tiempo se mantuvo fiel a Picasso. Eso le aseguraba una venta segura y gran cantidad de dinero. Confiado, comenzó a probar con otros estilos y diversos autores. A él, ya nada le sorprendía, las obras igual se vendían.

La hambruna que le había tocado transitar en París la miraba por un espejo retrovisor. El hombre ya había diseñado un exclusivo estilo de vida: pasó a alojarse en los mejores hoteles de Europa y también puso su nombre en Estados Unidos. En una visita, logró codearse con René d'Harnoncourt, director del Museo de Arte Moderno de Nueva York en ese momento. En ese lugar encontró una clientela muy interesada y fiel. Los magnates del petróleo de Texas siempre estaban dispuestos a pagar verdaderas fortunas por las pinturas de los grandes maestros. Y todos quedaban encantados con las obras que, en realidad, las pintaba Elmyr.

El día que engañó a Picasso

Un día, se le envió uno de los Picasso de Elmyr al propio artista malagueño. El objetivo era que certificara su autenticidad. Picasso estaba seguro de su autoría a simple vista, pero también lo reinaba cierta duda. Hasta que después de unos minutos, lanzó la pregunta: "¿Cuánto pagaron por esto?. La realidad indicaba que la cifra llegaba a los 100.000 dólares. Y Picasso respondió: "Bueno, si han pagado tanto, debe ser el auténtico".

Su colección personal

A mediados 1950, la colección personal de Elmyr ya incluía dibujos, acuarelas y pequeños óleos falsos de Matisse, Picasso, Derain, Bonnard, Degas, Modigliani o Renoir, por citar algunos. Diversos museos e instituciones exponían todas las obras a estudios de expertos que se encargaban de detallar todo. La sorpresa era que el resultado siempre era el mismo: las pinturas eran consideradas auténticas, apenas un par de dibujos fueron puestos en duda.

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Nadie estuvo en condiciones de establecer la magnitud de su gran estafa artística.

Nadie estuvo en condiciones de establecer la magnitud de su gran estafa artística.

Durante los casi 14 años que Elmyr estuvo en Estados Unidos, logró convertirse en el falsificador más prolífico y con mayor éxito del siglo. Sus obras se colgaban en las paredes de museos e instituciones. Elmyr utilizó tantos alias, y se movía continuamente de un lado al otro, que nadie estuvo en condiciones de establecer la magnitud de su gran estafa artística.

En el verano de 1961, vivió una época de gran esplendor y fama. El destino que eligió fue Ibiza, en España. La misma geografía que en la que se suicidó el 11 de diciembre de 1976. Lo hizo poco después de recibir la noticia de que iba a ser extraditado a Estados Unidos para ser juzgado por falsificación. El insistió en que era inocente de todas las acusaciones y decidió quitarse la vida al ingerir una fuerte dosis de barbitúricos.