Entrevista a Carlos Busqued, autor de Magnetizado, el libro que cuenta la historia de un asesino de taxistas que está preso hace 30 años | A24
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Entrevista a Carlos Busqued, autor de Magnetizado, el libro que cuenta la historia de un asesino de taxistas que está preso hace 30 años

Un día a Carlos Busqued le llegó una propuesta. Un equipo psiquiátrico tratante aconsejó a su paciente, un asesino preso hace treinta años, que escriba su historia y éste aceptó, pero quiso que un escritor lo haga por él. Así empezaron las sesiones, las entrevistas de un promedio de cuatro horas, de Carlos Busqued, en el papel de escritor entrevistador, de cronista casi anónimo, y de Ricardo Melogno, el entrevistado, el protagonista, un asesino de cuatro taxistas en la década del ochenta en Buenos Aires.

Magnetizado es, en resumidas cuentas, una entrevista larga, una crónica con un cronista ausente, la historia de un asesino ¿serial? preso contada por un escritor editado por Anagrama. Magnetizado es, también, la obra resultante de un proceso terapéutico, la búsqueda de una respuesta y el fiel reflejo de un proceso de curación.

El libro está atravesado por el gran interrogante: ¿por qué este hombre comete estos cuatro crímenes, calcados y en una misma zona? Es esa misma pregunta la que hace que la lectura de Magnetizado sea fascinante, que la búsqueda de una respuesta coherente atrape desde el comienzo.

Después de tu primera novela (Bajo este sol tremendo, de 2009), este libro es de un género raro para vos. 
Todo el concepto es raro. Cuando se lo acerqué a Herralde, ellos querían que publicara otra cosa, pero se los mandé y me dijeron que sí, que lo iban a publicar. Esto no lo veo muy masivo, me dijeron. Lo que sí es un libro raro y va a estar bien con otros libros raros de Anagrama. Para mí como lector de Anagrama no estaba mal. Pero como no hay morbo, no hay obviedad, no llegás a nada, este loco no es un malvado, a la vez tampoco es un santo. Pero es un libro y un tema que no discute ninguna coyuntura, ningún problema de la actualidad... La idea que yo tenía de este libro es que a futuro, Magnetizado podía funcionar bien como un vértice en un triangulito con una segunda novela que estoy escribiendo.

A Magnetizado le conozco el valor intrínseco, yo sé que a un tipo que le cope el tema va a ir a este libro y le va a interesar. También sabía que se puede copar a algún psicólogo o psiquiatra y a partir de ahí empezar a circular. Pero al final no necesitó de eso. Al rato aparecieron las primeras reseñas que hablaron bien del libro y ahora está empezando a andar bien allá en España. Me están haciendo notas para diarios de allá, recién hice una nota para no sé dónde.

¿Te gusta dar notas?
Mirá, tengo esta nota que hacemos ahora, la de hoy más temprano, después voy a responder otra más. Yo lo único que quiero es llegar a mi casa, escabiarme una birra y estar callado. El encuentro con la gente me cansa, tengo que no confundirme con otro, no dejarlo colgado. Darle bola a la gente es un laburazo, me agota un poco. Pero no lo digo de superado. Simplemente no es mi costumbre, mi cotidianidad.

En la entrevista con Sietecase contabas el proceso de laburo con Ricardo y dijiste que le diste para leer el material. De alguna manera, ¿el proceso fue como un ghostwriting?
Hay dos etapas para escribir en la dinámica que me ha tocado ejercer, vos producís una serie de “ladrillitos”, elementos con los que vas a construir algo después, pero no sabés el orden. Llega a un momento en que llegás a ese orden, pero hasta entonces es todo angustia, sufrimiento… ¿A dónde va todo esto?, te preguntás. Cuando encontrás a dónde va y hay un orden, hay un momento que me encanta y es cuando vas sacando todo lo que escribiste, eso es lo más lindo del planeta.

"Es fácil charlar con él, no es un tipo huidizo, pero a la vez no es confianzudo. Es un tipo muy distante, muy amable, pero no es un tipo que… Es muy raro, no llego a tener una expresión para definirlo".

Carlos Busqued sobre Ricardo Melogno.

Sería como la edición.
Ni siquiera eso, porque después hay una edición más fina. Lo de Ricardo habla de su experiencia como persona, la parábola de su vida. Un tipo contando su vida y lo que podemos pensar es que viene de muy abajo, hablando de su condición humana y esto es un registro de su ascenso hasta que dice “quiero ser una persona”. Yo tenía un montón de otras cosas, anécdotas de cárcel que eran divertidas, pero que no tenían una mierda que ver con el tono del libro. Si te pongo tres capítulos de eso, no sirve.

Volviendo a la pregunta sobre ghostwriting, entonces, el proceso fue el mismo que si fuera un texto mío. Me costó mucho porque del conocimiento de Ricardo, yo sabía que era muy importante ser muy cuidadoso con la palabra de él, porque con material tuyo es más fácil faltarte el respeto. Cada cosa que sacaba sabía que sacaba palabras de él. Entonces, Ghostwritig puede ser porque te ponés al servicio de la palabra del otro, en ese sentido sí. Pero también el laburo fue construir que lo que te dice él te suene fluido. Me costó respetarlo a él, fue más laborioso tomar decisiones ahí, porque el diálogo era más disperso.

¿Cómo eran esos encuentros?

Una vez cada 15 días, en general los martes o miércoles. Como esto se había pedido por juzgado, tuve suerte que no me hacían requisas. Entraba por el hospital, me iba a una oficina y me sentaba cuatro horas con él.

¿Y en esas cuatro horas llegabas a establecer un vínculo de confianza?
Es fácil charlar con él, no es un tipo huidizo, pero a la vez no es confianzudo. Es un tipo muy distante, muy amable, pero no es un tipo que… Es muy raro, no llego a tener una expresión para definirlo. Tiene una curiosidad sincera, le interesa la charla, pero a la vez es un tipo distante, desafectado. Es muy amable siempre, pero no hay esa corriente de guiños de complicidad que vas desarrollando con el tiempo con cualquier otra persona. Terminás hablando en un mismo tono.

¿Lloró alguna vez, se emocionó, se quebró?
No, llorar creo que no. No es ese palo de afectividad. A la vez es un tipo que genera cariño en todo el puto mundo. De vuelta, un cariño raro, no es que decís, “acá está mi amigo”. Todo el mundo lo quiere. Una mina del servicio penitenciario le decía “Ricardo, acá le dejo diez películas, se te rompió el DVD, te lo arreglamos”. Yo le llevaba puros, cigarros. Tiene toda una red de gente con la que se mueve que le hace favores. No son recontrafavores si no favores de la vida funcional. Un día llegué sin avisar y Ricardo trabajaba en la cocina de los canas. Date una idea de la confianza que le tenían. Estaban armando todo y vi la relación con ellos. En un momento, él pidió que viniera otra persona para reemplazarlo y le dijeron “No pingüi, hay tantos cuchillos ahí, mejor quedate vos”. Le dicen así porque camina como un pingüino.

"Es el anti carisma. Es raro, raro bien, no raro mal. No está en un personaje tratando de mostrarte algo. No te pone en una situación de decir, a ver en qué me está mintiendo. Él dice 'yo soy un psicópata'. Pero, ¿qué psicópata te va a decir que es un psicópata?". 

Carlos Busqued sobre Ricardo Melogno. 

De todos los diagnósticos a lo largo de estos años el que está en la entrevista con la psiquiatra es el más llamativo, que habla de un posible espectro autista.

Por la separación con la psicopatía puede ser. Efectivamente no maneja sentimientos y tiene un problema con eso, que a la vez ha sido una enorme herramienta de supervivencia para el loco. Lo ha puesto en un lugar en mejores condiciones para comerse los palos que se ha comido. El autismo viene a explicar eso, pero a la vez el tipo tiene sentimientos. Tiene compasión con la gente. Sé que Ricardo estuvo muy triste por algunos casos de chicos que él ayudó.

¿Leyó el libro?
Sí, lo tengo dedicado por él. Él tiene uno que yo le dediqué y yo uno dedicado por él. Yo le había dejado una versión 60 páginas más larga, impresa en hojas A4 y un lápiz. Cuando lo fui a buscar, me dijo: "es mi vida, te marqué un párrafo que está repetido, está todo bien".

¿Seguís con una relación con él?
Es una relación… pongo mucho cuidado en cómo definirla. Es una relación de respeto. Podría cancherear y decir que es mi amigo. Quiero que esté bien, hay un afecto, a mi él me cae muy bien y me despierta una gran… La otra vez usaron la palabra compasión, yo la usaría en el sentido católico, te sentís involucrado con el sufrimiento del otro. La empatía mía con él viene de ciertas cosas en las que yo me reconozco. Él cuenta que le gustaba irse al techo o caminar 50 veces la misma manzana. Eso lo hago yo, salir a caminar, me da vergüenza cuando me cruza alguien conocido, voy con la cabeza perdida. Esa vergüenza de que te vean así, esa percepción del mundo como que es un lugar de los otros, eso lo tengo. Él es mucho más extremo en su sensibilidad, pero ahí siento que tengo algo de qué charlar con él. Esa cosa de que la escuela es una verga, de que no te importa nada. Yo era así. Me iba a leer a la biblioteca, no quería saber una mierda con nadie, hay una empatía ahí.

Muchas veces no preguntás en el libro, dejás hablar…

Yo pregunté mucho, hablé mucho, hice muchos chistes, rematé palabras de él, las conversaciones eran más fluidas. A la hora de editar me fui sacando yo. Lo interesante es él. Después de la primera desgrabación, también repregunté mucho.

Sacaste el ego. 
No es que saqué el ego sino que es otra manera de ponerlo. Uno escribe para que lo quieran, para que piensen bien de uno, para quedar bien. Hay una manera más fácil, que es hablar bien de vos en el libro. Soy un picante bárbaro, este es un áspero pero se rió de mis chistes, ahí yo quedo bien. Ahora, yo leo este libro y digo, este es un forro. Yo quiero que me admiren, pero admirame después de cerrar el libro y decí "que gordo hijo de puta, mirá el libro que escribió".

¿Creés que el libro lo va a ayudar?

Ojalá. El proceso seguro que lo ayudó. Pero también esta cosa de decir, esta persona que pasó por estas circunstancias tan extrañas y ha permanecido oculta y sepultada del resto habiendo una aventura tan particular, me parece que lo principal es que yo lo muestre, o lo dejo mostrar, o te doy la experiencia de charlar con el tipo. Eso a él lo... la única palabra que se me ocurre es redime, pero no redime nada, pero lo pone a él en un lugar de dialogar con la gente, no en esa posición de monstruo.  No sé si eso lo ayuda, pero lo pone en una posición más reconciliada que la del monstruo.

Nos hablaste de tu segunda novela…
Es otra cosa, y todavía no tengo un tema para darte. Estoy siguiendo una aventura de nazismo latinoamericano que empezó con un libro muy famoso que se llamó El retorno de los brujos, que hace alusión a las raíces esotéricas del nazismo. A partir de ahí fui tirando una serie de hilos que me fueron llevando a unos títulos raros. Hay un autor, Miguel Serrano, que escribió sobre hitlerismo esotérico y tiene libros como Los ovnis de Hitler contra el nuevo orden mundial, o Nacionalsocialismo, única solución para los países de América del Sur

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Magnetizado fue el primer libro de Nadie Nace Lector, el club de lectura de A24.com. Si te interesa leer y formar parte de nuestra comunidad de lectores, unite a nuestro grupo