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De laboratorio: la jugada preparada de River que terminó en un golazo de Montiel

En una tarde cerrada ante Barracas Central, el Millonario encontró el gol en una acción ensayada: tiro libre preciso de Juan Fernando Quintero y cabezazo implacable de Gonzalo Montiel.

Gonzalo Montiel festeja el gol de River en Barracas (Foto: Walter Manuel Cortina)

Gonzalo Montiel festeja el gol de River en Barracas (Foto: Walter Manuel Cortina)

River necesitaba una llave distinta para abrir un partido que se le presentaba cada vez más complejo. Ante un Barracas Central replegado, ordenado y decidido a defender cerca de su área, el equipo de Marcelo Gallardo chocaba una y otra vez con el mismo problema: faltaban espacios. Cuando el juego asociado no alcanzó y las aproximaciones por abajo no lograron quebrar el cerrojo, el Millonario encontró la solución en una de sus herramientas más trabajadas: la pelota parada.

El gol llegó a partir de una jugada preparada que sintetizó planificación, precisión y ejecución perfecta. Juan Fernando Quintero se hizo cargo de un tiro libre y, lejos de buscar el centro tradicional al corazón del área, ajustó la mira con sutileza hacia el segundo palo. El envío fue pasado, con la comba justa, directo a la zona donde River había preparado el golpe.

Allí apareció Gonzalo Montiel. Cachete ingresó con decisión desde atrás, atacó el espacio con potencia y conectó un cabezazo firme que dejó sin chances al arquero Marcelo Miño. La pelota terminó en la red y River, por fin, pudo destrabar una tarde que se le venía haciendo cuesta arriba.

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Cómo construyó River el gol que rompió el partido

La acción no fue casual. Minutos antes, Gallardo había movido el banco en busca de soluciones, con los ingresos de Ian Subiabre y Giuliano Galoppo para darle mayor dinámica y presencia ofensiva al equipo. Si bien River comenzó a empujar un poco más, el gol no llegó desde una jugada elaborada en movimiento, sino desde una pelota detenida claramente trabajada durante la semana.

Quintero, conductor y capitán, leyó rápido la disposición defensiva de Barracas Central y optó por una ejecución quirúrgica. No hubo dudas ni improvisación: el pase aéreo fue directamente a la zona elegida, evitando el amontonamiento en el primer palo y atacando el punto débil de la defensa rival.

Montiel, por su parte, ejecutó el movimiento a la perfección. Llegó lanzado, ganó en el salto y le dio dirección al cabezazo, transformando una acción preparada en un gol determinante para el desarrollo del encuentro.

El festejo reflejó alivio. River había insistido, había chocado y había reclamado, pero necesitaba una acción concreta para cambiar el clima del partido. El tanto de Montiel no solo abrió el marcador, sino que confirmó la importancia de la pelota parada en un equipo que, incluso en tardes trabadas, encuentra respuestas desde el trabajo táctico.

En un duelo áspero y cerrado, el Millonario demostró que también sabe lastimar desde la estrategia. Y cuando la sutileza de Quintero se combina con la determinación de Montiel, el gol aparece como una consecuencia lógica del entrenamiento y la planificación.

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