Allí, Jorge Mario Bergoglio —recién asumido como Papa— entregó un ramo de olivo, símbolo de la paz, a los capitanes de ambas selecciones: Gianluigi Buffon y Lionel Messi. Pero el momento más emotivo llegó después del protocolo, cuando Messi se acercó al Papa y recibió una bendición personal. Leo, visiblemente conmovido, no pudo evitar quebrarse.
“Para nosotros hoy es un día muy especial. Estoy orgulloso de haber estado aquí para ver al Papa, también porque es argentino. El fútbol me ha llevado por todo el mundo, pero esta ha sido una jornada inolvidable”, dijo Messi tras ese encuentro.
En esa imagen, de hace ya más de una década, quedó inmortalizado el cruce entre dos referentes universales, que compartían algo más que la nacionalidad: el impacto profundo en millones de personas a lo largo del planeta.