La historia de superación del futbolista "Huguito" Morales, el anterior dueño del departamento de Adorni
Brilló en Huracán, fue figura de Lanús, jugó en la Selección y estuvo a punto de ir al Mundial. Pero en el mejor momento de su carrera, un diagnóstico de cáncer le cambió la vida para siempre.
En medio de la polémica por el departamento que hoy ocupa Manuel Adorni, un nombre volvió a aparecer inesperadamente en la escena pública: el de Hugo “Huguito” Morales, el exfutbolista que durante años fue dueño de esa propiedad. Pero detrás de ese dato inmobiliario hay una historia mucho más potente que cualquier expediente: la de un jugador talentoso, de perfil bajo, que supo tocar el cielo con las manos y también atravesar uno de los golpes más duros de su vida.
El exjugador fue citado en el marco de la investigación por la operación del inmueble ubicado en Caballito, que había estado en su poder durante casi tres décadas antes de venderlo en 2025. Su declaración fue testimonial y no está implicado en la investigación sobre posible corrupción que salpica a Adorni.
Morales fue uno de esos enganches finos que parecían jugar con un segundo de ventaja. En los años 90 dejó su marca en Huracán, se consolidó en Lanús y llegó a la Selección argentina, donde se ilusionó con pelear un lugar rumbo al Mundial de Francia 1998. Todo parecía encaminado. Hasta que apareció lo impensado: un cáncer que lo obligó a detenerlo todo cuando estaba en uno de los mejores momentos de su carrera.
Antes de convertirse en un nombre conocido en el fútbol local, “Huguito” construyó su carrera desde abajo. Surgido en Huracán, debutó muy joven y rápidamente llamó la atención por su talento, su visión de juego y una zurda distinta. Tenía ese estilo de futbolista que no necesitaba correr de más para hacerse notar: le alcanzaba con pensar mejor que el resto.
Su salto definitivo llegó en Lanús, donde fue parte de uno de los equipos más recordados de la historia del club. Con Héctor Cúper como entrenador, integró el plantel que ganó la Copa Conmebol 1996, el primer título internacional del Granate. Ese equipo lo puso definitivamente en la vidriera grande del fútbol argentino.
Su nivel lo llevó a la Selección, donde compartió plantel con varios de los nombres más importantes de aquella camada. También formó parte del proceso olímpico que terminó con la medalla de plata en Atlanta 1996. Todo indicaba que estaba ante el gran salto de su carrera.
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El diagnóstico que frenó todo
Pero cuando el fútbol parecía abrirle todas las puertas, la vida le presentó una pelea mucho más seria que cualquier partido.
En 1997, mientras transitaba uno de sus mejores momentos deportivos, Morales sufrió una descompensación durante una concentración de la Selección. Lo que en principio parecía un episodio aislado terminó revelando un cuadro mucho más grave: le detectaron un tumor testicular.
La noticia cayó como un mazazo. En cuestión de días, el mediocampista pasó de pensar en convocatorias, partidos y futuro europeo a enfocarse exclusivamente en su salud. Fue operado y luego debió atravesar un tratamiento de quimioterapia, en una etapa que él mismo describió tiempo después como uno de los momentos más duros de su vida.
La enfermedad no solo interrumpió su crecimiento futbolístico: también lo obligó a enfrentar el miedo, la incertidumbre y la posibilidad concreta de no volver a ser el mismo.
Durante meses, el exfutbolista tuvo que dejar de lado la competencia y concentrarse en algo mucho más elemental: recuperarse. La rutina de entrenamientos, viajes y partidos fue reemplazada por estudios, controles médicos y tratamiento. En un ambiente como el del fútbol, donde casi siempre se habla de fortaleza física y mental en términos deportivos, Morales tuvo que descubrir otra clase de resistencia: la de bancarse un proceso de enfermedad siendo todavía muy joven y en plena carrera.
Sin embargo, “Huguito” volvió. Y ese regreso tuvo algo de revancha íntima. Después de varios meses de tratamiento, regresó a las canchas en 1998. No fue un simple retorno deportivo: fue la confirmación de que había logrado atravesar una de las pruebas más difíciles que puede enfrentar una persona. En ese proceso, uno de los momentos más recordados fue su vuelta con gol ante San Lorenzo, una escena que quedó grabada como símbolo de resiliencia y de segunda oportunidad.
Tras superar la enfermedad, Morales siguió jugando y mantuvo una carrera importante. Pasó por el CD Tenerife, donde incluso convirtió un gol clave para el ascenso a Primera División, y luego tuvo pasos por Independiente, Atlético Nacional, Millonarios, Universidad Católica y Talleres.