“El descalce de deudas privadas era importante”, coincide Martín Calveira, investigador del IAE y miembro de la Escuela de Negocios de la Universidad Austral. Aunque, agrega, “las hojas de balance de los bancos estaban caracterizadas por préstamos otorgados en dólares frente a ingresos de los deudores en moneda nacional”.
Según su visión, “la vigorización en la caída de depósitos fue acompañada por problemas de liquidez en el sistema bancario. El sistema financiero había sobrellevado las condiciones desfavorables mediante los instrumentos disponibles: cancelación de préstamos, liquidación de encajes y asistencia del Banco Central”.
Sin embargo, evoca, “a finales de noviembre de 2001 el comportamiento de los actores del sistema hizo que la caída de depósitos se profundice aún más y se transforme en sistémica”.
Qué hacían los bancos
Durante los primeros 11 meses del 2001, el sistema bancario perdió 22% de sus depósitos. En ese mismo período, se hizo evidente que las sucursales y filiales de bancos extranjeros no eran capitalizadas por sus casas matrices. No obstante, además de registrar una contracción de 11% de las líneas de crédito del exterior y de 24% de las obligaciones negociables durante el año, entre enero y septiembre, los bancos extranjeros remitieron utilidades por US$ 284 millones a sus casas centrales, un incremento del 61% respeto al mismo periodo del año 2000.
Según artículos periodísticos del 2002, el incremento en las utilidades transportadas al exterior, en un año aún más recesivo y crítico que el anterior, sólo se explica en que los bancos extranjeros ya estaban previendo la devaluación y se apuraron a efectuar adelantos de utilidades no distribuidas en el balance para tomar los dólares y ponerlos a resguardo en la casa matriz.
Cómo respuesta al último y más significativo intento de la población para retirar sus depósitos, el 3 de diciembre de 2001, el gobierno de Fernando de la Rúa cerró el mercado cambiario y declaró el congelamiento parcial de depósitos que, desde entonces, pasará a la historia como el corralito”.
El corralito y la desconfianza en los bancos
La credibilidad en el sistema bancario es muy poca entre los argentinos y eso se refleja en el número de población no bancarizada (casi el 50% de los adultos) y en la alta informalidad de la economía del país.
Razones para desconfiar no les faltan y son el resultado de numerosas crisis del sistema financiero. Desde el “Rodrigazo” en 1975, que llevó la inflación hasta el 777% con una fuerte devaluación; hasta el Plan Bonex de 1989, cuando Menem decretó el canje forzoso de depósitos bancarios por títulos públicos a diez años.
Sin embargo, en diciembre del 2001, cuando el gobierno nacional impuso el corralito, que impidió la retirada de ahorros en efectivo de los bancos y también su giro al exterior, encendió la mecha para la peor situación económica y social que sufrió el país.
Fue el último intento para salvar a los bancos de una corrida bancaria masiva, cuando la clase media se dio de frente contra la irrealidad de la convertibilidad e intentó sacar sus ahorros de los bancos.
El “corralito” llevó a un estado de extrema asfixia a la actividad económica. La medida, además, afectó a casi 60.000 millones de dólares que había en cuentas a la vista y en depósitos a plazo fijo. Si bien no había restricciones para las transferencias bancarias dentro del país y pagos con débito, la extracción en efectivo se limitó a $250 pesos/dólares por semana.
Poco después, el fin de la convertibilidad y la pesificación forzosa de los depósitos a principios de 2002 redujeron el 40% del valor de los ahorros de los argentinos. Desde entonces, su bronca y desconfianza puede haber descendido por el paso del tiempo, pero jamás desaparecerá.