Históricamente, coincidieron los dos investigadores, los programas económicos en Argentina no tuvieron los resultados esperados y, en muchas experiencias, fueron lo contrario a pesar de que técnicamente eran muy sofisticados. Por eso, remarcaron, “insistimos que el acuerdo con el FMI es solo un paso que evita mayores dificultades”.
El desafío de bajar la inflación
“No hay programa para el crecimiento y tampoco para estabilizar y, si bien ahora se declara la guerra a la inflación, se trata de puro voluntarismo en los dos frentes”, sostuvo Fracchia.
Según su análisis, al igual que le ocurrió a Macri en 2019, “la inflación como tema principal le hará mucho daño en las urnas al Frente de todos”. “Resulta difícil que baje la inflación”, reconoció y pronosticó: “apunto a un 65% en el último año de Alberto Fernández”.
Para Calveira, en tanto, economías de inflación crónica, distorsiones de precios que se intensifican con el tiempo y desajustes en las cuentas fiscales, presentan “desafíos de importancia sobre la gestión que están planteados en términos de minimización de costos sociales del ajuste, pero se necesitan logros manifiestos en plazos relativamente cortos para cohesionar socialmente el programa”.
Otro aspecto importante, señaló, es “el trade off que emerge entre el ajuste fiscal, la gestión antiinflacionaria y la actividad económica”. Es decir, un menor déficit primario es el resultado de mayores ingresos reales y, al menos, evitar una nueva expansión del gasto.
“Las medidas antiinflacionarias se corresponden con acciones monetarias restrictivas como, por ejemplo, un programa de metas de inflación con gestión de agregados monetarios y ajuste de tasa de interés. Esto se traduce en una política fiscal y monetaria contractiva lo cual, en el corto plazo, afecta a la actividad económica”, explicó Calveira. Y agregó que “la sintonía fina para administrar los costos redistributivos de la estabilización y posterior desinflación será importante”.
¿Es posible crecer en este contexto?
Los especialistas del IAE también se refirieron al argumento dado a conocer desde un sector político, en relación a la necesidad de crecer y luego afrontar los vencimientos de deuda.
En ese sentido, destacaron, “no hay experiencias concretas en el mundo sobre que, sin haber estabilizado la macro, se impulse un crecimiento económico sostenido y genere recursos genuinos”. Probablemente, indicaron, el argumento de ese sector político “omite las condiciones iniciales de capacidad instalada, capital productivo y estabilidad previa, necesarios para impulsar el crecimiento”.
En definitiva, finalizó Calveira, “la gestión deberá tener elementos temporales de restricción monetaria, precisamente un aumento de la tasa de referencia sin que sea un nivel permanente y, posiblemente, tasas diferenciadas para evitar un traslado al costo del crédito con fines productivos”.
Ya en el final, Fracchia imaginó un 2023 con triunfo de Juntos por el Cambio, en donde tendrán “una herencia pesada y difícil de gestionar en los pagos al Fondo”.
Asimismo, sobre el Gobierno actual, adelantó que “no esperemos reformas estructurales, ese enfoque de sinceramiento y realismo está lejos”.
Para lo que resta de mandato, le pidió a Alberto Fernández que “lo aproveche con la capacidad de gestión que tuvo como funcionario de Alfonsín, de Caballo, de Néstor, como jefe de gabinete, y como crítico de CFK”.
“Ojalá vuelva ese Alberto, lo necesita la patria porque el proceso de deterioro social que estamos viviendo no tiene precedentes, y se explica sólo por la falta absoluta de confianza”, finalizó Fracchia.