La actual conducción económica quiere evitar, a cualquier precio, tener que hacer frente a una nueva devaluación y sucumbir ante un espiral inflacionario. Es porque sospechan que sus contrincantes aspiran a que el ajuste final se haga antes el eventual traspaso de mando. Dicho de otro modo, en la Casa Rosada creen que el peronismo quiere que la bomba explote en sus manos. Y a esta altura, Macri sabe que sólo una cosa es peor que dejar un mal recuerdo de su Gobierno, dejar un mal recuerdo de su salida del Gobierno.
Desde el último desembolso del Fondo Monetario Internacional, de acuerdo a las cuentas presentadas por la oposición peronista, las reservas del Banco Central cayeron en 9.000 millones de dólares. Pero la crisis política que supone un gobierno en retirada y otro sin haber sido aún electo se refleja en una estadística aún mas alarmante. Desde las últimas PASO, el Central se vio obligado a desprenderse de 7.418 millones de dólares.
Esa cifra supera el 10% de las actuales reservas de la entidad. Pero (¡DANGER!) los especialistas consideran que, sin contar el SWAP con China, los encajes sobre depósitos, y otras variables, las reservas netas son inferiores a los 15.000 millones de dólares.
Esa y el riesgo país (en alrededor de 2.000 puntos) son las cifras que más preocupan a los asesores de Alberto Fernández. Inclusive, más que el valor del billete estadounidense.
¿Qué dicen en el entorno de Alberto Fernández? Confiaron a A24.com su verdadera evaluación de este escenario. “En el tema reservas la situación es gravísima. El Banco Central tiene reservas líquidas por apenas un monto similar a los vencimientos de deuda de corto plazo (Letras del Tesoro) de acá hasta fin de año. Si no logran restablecer la confianza y las siguen dilapidando, vamos a llegar con un dólar por las nubes. Le van a dejar a Alberto un Banco Central quebrado”.
Con este
marco, la gran incógnita que empieza a asomar es si en una bastante probable
presidencia de Alberto Fernández habrá o no continuidad en la conducción del
Banco Central, con Sandleris a la cabeza.
Por lo visto, las dos recientes comunicaciones telefónicas entre Macri y Fernández lograron calmar las aguas en la superficie. Pero las diferencias profundas, de las que hablan en el equipo Alberto, se siguen profundizando a pasos agigantados.