Como dato es necesario recordar que luego del partido como local frente a Liga de Quito por los cuartos de final, Tévez fue suplente en 6 partidos totalizando 152 minutos en cancha.
Wanchope Abila en los últimos 2 meses jugó apenas 3 partidos (Liga de Quito, Newell´s y la ida con River el 1-10), la falta de competencia interna en el puesto (Hurtado y Soldano son apuestas que aún no probaron sus condiciones en Boca), lo llevan a Alfaro a exigirlo.
Toto Salvio es la incorporación top del último mercado, pero apenas disputó 34 minutos en los últimos 50 días. Entre septiembre y octubre solo jugó 15 minutos frente a San Lorenzo y 19 minutos con River.
Ante la falta de una construcción colectiva que lo respalde, la apuesta de Alfaro en el juicio final dependerá de la rebeldía y el orgullo del futbolista de Boca. Y allí radica la principal diferencia con River.
Gallardo sorprendió en ratificar la misma formación que jugó en la ida. Y la confirmación se debe a la confianza de un equipo que llega a este partido precedido de un nivel superlativo en la predisposición para presionar y avasallar a los rivales. Quizás le convenga planificar un modo diferente entendiendo que al menos en el comienzo el rugir de La Bombonera impulsará a Boca a buscar la heroica.
El pulso de River lo marca su mediocampo desde Nacho Fernández, Enzo Pérez, Exequiel Palacios y De la Cruz. Ellos marcan la inteligencia de saber dónde, cómo y cuándo presionar para jugar y encontrar los espacios para llegar y retroalimentar a los atacantes que siguen siendo Borré y Suarez. Debe pensar Gallardo que comete cierta injusticia con Scocco, Pratto y hasta con Juanfer Quintero. Sin embargo, a diferencia de Boca, la dependencia de los nombres en este River no es tanta.
Llegan al choque en situaciones casi extremas, uno con una ventaja clara y el agregado de explorar como visitante (no pierde por copa hace 12 partidos, desde aquella semi con Lanús en 2017), sus mejores producciones. Otro cargado de obligaciones, jugando contra lo que no pudo desarrollar en su juego para sentirse más seguro y aferrado a impactos emocionales que puedan dañar a su rival. Aún desde esos contextos, y a pesar de pronósticos inalterables, los hinchas de Boca irán esta noche a su estadio soñando con los imprevistos sagrados que este juego guarda.