Otro de los motivos, no menor, para encapsular a los planteles es para proteger a personas de riesgo que integran los cuerpos técnicos de algunos de los planteles, como los casos de Miguel Russo y Diego Maradona. Y justamente se evitarían mayores posibilidades de contagio si se recluyen en un predio.
El lunes habrá una reunión formal entre Ginés González García, Claudio Tapia y Marcelo Tinelli, y éstos comenzarán a formalizar las intenciones. La vuelta a los entrenamientos es probable genere rechazo en aquellos sectores de la sociedad que pudieron quedar relegados en la cuarentena. Pero deberá entenderse que el paso se da para que futbolistas profesionales, luego de un período de inacción demasiado prolongado, puedan encontrarse con su mejor estado de forma.
Otro de las cuestiones que deberán tenerse en cuenta es que posiblemente haya futbolistas contagiados. Ayer el fútbol colombiano testeó a sus jugadores y 50 arrojaron positivos de COVID-19. Pero no deberá señalarse ni estigmatizar a nadie. Habrá que convivir con este riesgo hasta que se de con una vacuna.
Habrá 46 días de preparación entre el 3 de agosto y el 17 de septiembre, cuando volverán a jugar los equipos argentinos en la Copa Libertadores. Algunos pensarán que no alcanza, otros que es suficiente para competir. Pero en la Argentina la vuelta de los equipos a las prácticas va tomando forma. Y era una necesidad. Como tantas otras. En estos tiempos de angustia, el fútbol será el bálsamo de los pueblos. La reconstrucción será un poco menos dolorosa con esa excusa de cada partido.