Se abre una nueva era en el fútbol. Un nuevo mapa de poder. Se acaba la Superliga. Un sueño que Macri proyectó en el fútbol con un actor fundamental por entonces como el ex presidente de Boca, Daniel Angelici.
Se abre una nueva era en el fútbol. Un nuevo mapa de poder. Se acaba la Superliga. Un sueño que Macri proyectó en el fútbol con un actor fundamental por entonces como el ex presidente de Boca, Daniel Angelici.
La Superliga tenía el objetivo de abandonar las costumbres de la AFA de Grondona. El punto de quiebre resultó aquella de quita de puntos por problemas financieros, luego anulada, a San Lorenzo y Huracán. Allí se perdió la credibilidad y la esencia de una organización que llegaba a establecer un juego transparente.
Si bien el nuevo gobierno no intervino aún en cuestiones del fútbol, dejaron entrever por la bajo que el ¨doble comando¨ era innecesario. Y el fútbol siempre es oficialista. Se adapta a los vientos de cambio. Y la Superliga fue una construcción incitada por el gobierno anterior.
En la próxima AFA habrá un poder muy repartido. Tapia conseguirá ser el presidente hasta el 2025. Pero la Liga profesional dentro de la estructura de AFA tendrá mucha gravitación de Marcelo Tinelli. El último invitado a formar parte de la próxima AFA es Rodolfo D’onofrio, el más reticente a sentarse en la misma mesa de Tapia. Esa es la reunión que se viene en las próximas horas. Y la que puede cerrar definitivamente la grieta en la dirigencia del fútbol.
Desde lo formal, el 10 de marzo se llamará a asamblea a modificar estatuto y convocar a nuevas elecciones. Es imprescindible para reasignar nuevos cargos en el comité ejecutivo.
El gran interrogante que plantea este nuevo orden es si podrán los mismos actores que tienen concepciones diferentes en el fútbol, potenciar el fútbol argentino sin dañarse en debates internos como ocurrió en estos años.
El primer tema a debatir será cuantos equipos descenderán. Y ya encierra una nueva desprolijidad. La cuestión será la cantidad de equipos que disputarán la Primera División. Algunos pretenden mantener 24 equipos, y para que esto ocurra deberá decidirse que no bajen 3, sino 2 al Nacional. Modificar las reglas de juego cuando restan 13 fechas para consumar la temporada es un desatino más.
El fútbol vuelve a mudarse a Viamonte. Ya sin tanto presidencialismo. Con un poder real más repartido. Esperemos con menos internas y mejores ideas.