La capital del fútbol mundial se despertó con ruidos extraños, con colores diferentes. El blanco que habitualmente reluce se ve atravesado por una banda roja. El azul y oro embandera buena parte del Paseo de la Castellana. No es un domingo cualquiera para Madrid. Sus calles oyen ese acento familiar y agradable para los nativos, ahora con mucha más fuerza, con otro sentido. Hay ritmo en las canciones y hay una fascinación y un encanto en los turistas.
