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La crónica que no fue: así se vivió la previa en La Bombonera junto a los hinchas

Guido Albamonte
por Guido Albamonte |
La crónica que no fue: así se vivió la previa en La Bombonera junto a los hinchas

El característico golpeo de las gotas con la chapa hace que te despiertes en la mañana de un sábado que pinta negro, pero que se va a poner lindo, porque sí, porque es obvio. ¿Cómo se va a suspender? ¿Estamos todos locos? Mi viejo, con 7 décadas de experiencia, me dice: "Esto se suspende". ¡Pero no, no hay chances!

Es la primera vez que el profesionalismo y la pasión se entreveran. Mi primera vez. Casi a las 2 de la tarde salgo para la cancha, la Bombonera, como periodista y como hincha. O como hincha y como periodista.

Los colegas radiales, en el trayecto a La Boca, se indignan una vez más con los manejos de la CONMEBOL y la cúpula dirigencial de los dos clubes más grandes del país. Me aburre quejarme de los dirigentes, pienso que está demodé. Es como sorprenderse del sol cuando sale.

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Cerca de las 14.30h, empiezo a recorrer las calles de ingreso al Alberto J. Armando. Cada vez llueve más. Paso por Aristóbulo del Valle, Pinzón, Brandsen y Suárez. La cantidad que ingresa no tiene que ver con una final de Libertadores entre River y Boca, y sí tiene que ver con el horario: aún faltan más de dos horas para el partido.

Publico historias de Instagram (@A24noticias, copate) con lo que está pasando en La Boca y la tormenta imposibilita sacar el celular: me refugio en una cervecería, de capacidad limitada y corazón grande. Me encuentro (no casualmente) con amigxs, me seco y presto atención a la pantalla gigante, que todavía tiene el contador para el arranque: dice que falta 1.30hs pero el bar está lleno. Algo no cierra.

Confirmado: Boca y River juegan mañana, domingo, a las 16.00hs. Las gotas son menos y vuelvo a salir a la calle para la cobertura. La gente, empapada, sale cabizbaja y con ciertos aires de "qué alivio". La siesta y las facturas bajo techo son una tentación en este contexto.

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Saco fotos, grabo videos. Los parrilleros y su clientela están bajo gazebos. Hay escobillones sacando todo el agua que, a pesar de las famosas escalinatas de La Boca, llegan arriba. En la salida de Brandsen, ponen una balsa para esquivar una considerable laguna. Ni Soriano pudo haber escrito algo así.

A punto de volver para mi casa, llovido sobre mojado y viceversa, me encuentro en la esquina de Aristóbulo y Patricios a un señor grande en una silla plegable, que me quiere vender unas garrapiñadas, mientras le saco una foto por lo pintoresco. "Dale, boludo, dale, que mañana van a estar más caras".

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