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El tiempo de parate afectó a todos menos al River de Gallardo

El tiempo de parate afectó a todos menos al River de Gallardo
Marcelo Gallardo

River supera a la pandemia, atraviesa las tormentas sin perder la compostura. Pareciera no tener registro que no compitió durante más de 6 meses. Cuando volvieron del entrenamiento remoto a trabajar en grupos, Gallardo estaba conmovido por el estado de forma en el que encontró a sus jugadores. Sin sorprenderse, porque sabe el alto profesionalismo del plantel que gestiona.

Debemos dimensionar la goleada de anoche encuadrando las debilidades de un rival que es de los más discretos que haya participado en mucho tiempo en la Copa Libertadores. El rendimiento de anoche va añadido a la producción en el Morumbí la semana pasada.

Gallardo siempre elige agregarle una marcha más al equipo de acuerdo al momento de algunos futbolistas que puedan potenciar lo colectivo. La novedad es Julián Alvarez. Su consolidación lo ubica en un tridente de ataque que es imposible de defender.

La capacidad de Borré, Suarez, y ahora Alvarez para rebotar, girar y desmarcarse en una zona donde no sobran espacios, generan una sociedad fatal. Y además retroalimentan a los que lleguen desde atrás a definir. Un claro ejemplo de ello es como De la Cruz lo utiliza a Borré de apoyo para abrir el camino de la goleada.

El técnico de River prefiere no hablar de sistemas, más bien de funciones. Porque los esquemas suelen ser referenciales. Pero en gran parte de esta etapa eligió el 4-1-3-2 para pasar a jugar en el último tiempo con 3 centrales para darle mas amplitud a Montiel y Casco. El River pandemial muta a un 4-3-3 que pareciera llegar para quedarse.

El cambio de estructura sostiene los mismos valores que consagraron el estilo en estos años. Presión alta para forzar el error rival en la salida, recuperación rápida a la pérdida de la pelota posicionado en campo rival (De la Cruz es un ejemplo de ese aspecto), gestación por dentro con Nacho Fernández más de interior y amplitud sobre todo con Montiel hasta la zona final.

River repite una fórmula vieja pero igual de eficaz e indescifrable para el rival. El triángulo por dentro, la ruptura por afuera, y el pase atrás como recurso letal. Para ello es indispensable el movimiento para llegar a zona de definición por sorpresa.

Genera pánico que este equipo por las dificultades financieras del club, y la realidad del mercado, pueda perder algún jugador más (ya se fueron Quintero y Scocco). Las bajas si se dan de manera esporádica suele disimularla de manera imperceptible.

Pasan los años, queda la esencia y la ambición. Los cimientos que construyeron a este equipo son tan sólidos que pareciera no ponerlo en peligro ni una pandemia, ni la salida de algunos consagrados.

por Hugo Balassone
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