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Pepe Castro, el wing que escribe: "Alberto es como el Bambino Veira"

Pepe Castro, el wing que escribe:
Pepe Castro

“Soy un narcisista en decadencia. No digo ni la edad, ni el perfume que uso”, así empieza la charla José Pepe Castro, un wing de los de antes, que jugó más de 500 partidos y superó la barrera de los 100 goles en sus 17 años de carrera, 15 en la Argentina y los últimos 2 en la U de Chile.

La edad es fácil de averiguar. Tiene 64 años, aunque parece mucho menos. En tiempos de coronavirus, es bueno hablar con un hombre que trabajó en China entre 2015 y 2017.

¿Cómo llegó esa posibilidad y cómo fue la experiencia?

Un representante estaba buscando un referente del fútbol argentino que tenía que reunir determinados requisitos: haber jugado en la selección, haber disputado una final nacional y otra internacional. Me eligieron. La experiencia estuvo hermosa. Enseñé fútbol 40 escuelas, después fui gerente deportivo allí, en los colegios y, más tarde, asesor de un equipo profesional, como si fuera Ferro acá, hoy en la segunda categoría, pero que jugó muchos años en Primera. En lo económico para mí fue la jubilación… no como a Tevez, pero me pagaron bien. Xi Jinping tiene un objetivo, poner a China en las altas esferas futboleras y por eso invierte, Dice 'somos 1400 millones de personas, no podemos sacar 50 futbolistas buenos'. Y son vivos, te copian rápido el método de entrenamiento. Yo recomendé tres chicos que ahora están en las escuelas de Real Madrid y del Inter.

Pepe Castro en China
Pepe Castro en China

¿Cuándo comenzó tu relación con el presidente de la Nación?

Alberto es como el Bambino Veira, nunca te cuenta la anécdota dos veces igual. Es un buen tipo, simple, sencillo. El tema es así, en 1986 entro a comer a un restaurante y Alberto estaba con su mujer. Me mira y le dice a ella: “este es Pepito…”. Yo no entendía nada. Resulta que el día de la final Intercontinental de Argentinos Juniors, hace casi 35 años, el presidente, fanático del Bicho, estaba pasando su luna de miel en un hotel de Fortaleza. Llegó a la habitación y el partido no estaba. Habló con todo el mundo, hasta que por satélite, le pusieron el partido. Ese día, marco el segundo gol de Argentinos y él me contó que gritaba “Pepito, Pepito…”. Me imagino la cara de la mujer pasando su luna de miel y viendo Argentinos Juniors jugar la final de la Copa Intercontinental en Japón. Con mi gol, ganábamos 2-1, los italianos nos empataron cuando faltaban 7 minutos y después nos vencieron por penales. Nunca le pregunté a Alberto como terminó su noche de bodas.

¿Volvieron a verse?

Si, en 1998, ya retirado del fútbol, yo vendía publicidad. Me marcaron que Alberto era el capo del BAPRO y lo llamé. Me atendió enseguida y me dio la publicidad, aunque tuve que llevarle un cuadro de Argentinos. Después lo vi dos o tres veces más y ahora quedó una charla pendiente, porque estalló la pandemia y yo soy muy ubicado.

Volviendo a China, ¿te adaptaste a la comida?

Sí, no te voy a decir que comía de todo, pero casi. Iba con mi traductor, le preguntaba que ingredientes tenía y, generalmente, probaba. Ellos te convencen que es normal comer el ojo de los pescados. El tema es en las colonias muy pobres y donde los controles sanitarios no son las ideales. Ahí te cuidas más, pero, en general, me fue bien con la comida. De hecho, en la Argentina tomaba omeprazol y un par de medicamentos más para el estómago, que allá no los tomé. No hizo falta pedirlos.

Pepe y su época como jugador
Pepe y su época como jugador

Pepe Castro debutó en Vélez, donde brilló, pasó por Independiente, Argentinos Juniors (donde ganó 4 títulos), Unión de Santa Fé (donde ascendió), San Lorenzo y, finalmente, la U de Chile, haciendo una escala en la selección, con Cesar Luis Menotti como técnico.

Durante años, fuiste socio futbolero de Carlos Bianchi, ¿lo ves, como está tu relación con el Virrey?

El Pelado era muy amigo, ahora estoy distanciado. Dormía en la cama de Guido, mi hijo. Cuando empezó a dirigir en Vélez, terminaba la práctica y se venía a mi casa de Pilar. SI no estaba mi hijo, dormía la siesta ahí. Eramos muy amigos las familias. Mi ex y Margarita eran carne y uña…después, al separarme, dejé de verlos con asiduidad. Con Bianchi éramos del mismo grupo. En Belgrano R vivimos muy cerca. Siempre estábamos con Piazza, Veglio e Ischia. Fíjate que fui el único que nunca le pidió nada.

¿Por qué no quisiste ser técnico o seguir ligado al mundo del fútbol?

Soy una persona especial. Por pensar distinto, muchas veces me consideraron subversivo. Una vez estuve muy cerca de dirigir a Unión, pero tenía que aceptar que los jugadores me los traiga un representante determinado, tenía que dejarle una parte de mi sueldo a los barrabravas, mucho de los cuales trabajaban en el club y después te iban apretar si los resultados no eran buenos. Dije, este no es mi mundo. Ya me había pasado como jugador. Cuando llegué a San Lorenzo, me vino a buscar un grandote diciéndome la cantidad de plata que tenía que poner por mes y ya sabían lo que ganaba.

¿Cuál es tu mundo? ¿Te quedaron amigos del fútbol?

Pocos, el fútbol es muy egoísta. Falcioni, Larraqui, Carlitos Ereros, Nene Comisso, Potro Echaniz, son algunos de los que considero amigos. ¿Qué estoy haciendo? Escribo, yo soy periodista, estudié en Chile y ahora estoy escribiendo unos cuentos que tienen que ver con la melancolía. Por ejemplo, hay uno que se llama Buzón y allí cuento la tristeza que tiene por no recibir cartas, otro que se titula Que te pasa cana, que refleja los momentos en que la policía te corría de la plaza o la Mujer del 9, que no puedo decir mucho porque grafica la vida de la esposa de un futbolista conocido…Mitad fantasía, mitad realidad, ojalá los pueda editar.

Pepe Castro, un futbolista diferente: “en mi época era raro que un jugador estudie en la universidad, yo metí 14 o 15 materias de abogacía”, resume.

Fui un buen administrador, siempre. Por ejemplo, en la época de Macri presidente, sin trabajar, con la timba financiera, fue cuando más plata hice”, reconoce sacando a relucir otra faceta de su personalidad. Desborde, goles y negocios, algunas de las clave del hombre que se metió en la cama del presidente de la Nación en su luna de miel.

por Darío D'Amore
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