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D´Alessio, los negocios sucios y una película de terror basada en hechos reales

Catalina de Elía
por Catalina de Elía |
D´Alessio, los negocios sucios y una película de terror basada en hechos reales

Asistimos a otra semana en que circulan mezclados fluidos tóxicos junto a otros saludables por el sistema judicial. Hoy, 28 de febrero, la sociedad civil inicia un tenue movimiento que (con algo de optimismo) podemos ver  como un intento de recuperar las riendas de la cuestión judicial.

Está prevista una marcha que, más allá del caso del juez Luis Rodríguez, expresa el hartazgo ciudadano con una justicia que peligrosamente es cada vez más fuente de problemas que soluciones.

La energía social debe ser un incentivo para que los movimientos del Consejo de la Magistratura se acerquen a los que contempla la Constitución Nacional y, por lo tanto, se alejen de los intereses corporativos de la dirigencia política, aunque la realidad invita a la cautela.

En efecto, así como el consejo solicitó a la justicia información sobre el patrimonio del juez Rodríguez y el supuesto pago de sobornos, el día martes 26 desempolvó viejas presentaciones contra el juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla que el día lunes describió con mucha crudeza un panorama judicial sombrío en torno al expediente por el que procesó y encarceló al supuesto abogado Marcelo D’Alessio.

¿Casualidad? No lo sabemos.

Lo que sí sabemos es que el juez Ramos Padilla sospecha que existe una articulación de voluntades entre funcionarios judiciales, servicios de inteligencia, periodistas y otros personajes, cuyo objetivo es manipular y utilizar la ley para fines ilícitos.  Aunque en otro nivel de análisis, algo de eso se dijo en esta columna. Y que debe ser un motivo para que cese la indiferencia institucional.

Irónicamente, y por esas cosas de la historia, los protagonistas más visibles de estos días judiciales, Marcelo D´Alessio y el juez Rodríguez, se vieron las caras, en el marco de una causa por corrupción.
No sabemos qué expresaron sus rostros en ese momento. Pero podemos especular,  en cambio, que la cara de la justicia era de dolor y frustración.

El abogado Pablo Slonimsky lo afirmó con claridad en la edición del 26 de febrero de Perfil. Expresó que “el señor D’Alessio pertenece a una subespecie (polirubro) parajudicial, dedicada full time a los negocios sucios, que vale como categoría en el supuesto de que existan en este rubro negocios limpios” y agregó que “ofrecen herramientas muy útiles para muchas cuestiones, ninguna dentro de la ley”.

Sin ir más lejos, la acusación sobre el caso conocido como “gas licuado” que integró una de las ocho acusaciones por el que el juez federal Claudio Bonadioindagó a Cristina Fernández de Kirchner el pasado lunes, estaba estructurada en gran parte en base a testimonios brindados por D’Alessio…

Evidentemente el escándalo que rodea al supuesto abogado, su palabra utilizada como prueba en expedientes claves, sumado a las quejas de los protagonistas del caso de los Cuadernos, que denuncian desde hace tiempo arbitrariedades, manipulación de arrepentimientos, doble vara, abusos de detenciones y otras cuestiones procesales, acercan el caso de los Cuadernos a esa brutal descripción que retumba por los pasillos de Comodoro Py y que dice que el caso “es una película de terror basada en hechos reales”.

En medio de todo esto, los ciudadanos quieren que los delitos se investiguen y se castigue a los culpables...