¿Cuándo se decidió a escribir el libro?
Hacía años que tenía ganas de escribir un libro de la AMIA porque creo que es un compromiso de todos los periodistas tratar de llegar a la verdad del atentado más grande que sufrió la Argentina en su historia. Por otra parte, además de ser un tema que me apasiona, me parecía que tenía la ventaja de conocer el caso y contar con un archivo muy extenso.
Esas fueron las razones que me empujaron a escribir Nisman debe morir, que es un libro que fue escrito, prácticamente, menos de un año después de la muerte de Nisman. Ahí pueden encontrar todo el contexto de lo que fue el juicio por la AMIA, las polémicas relaciones del gobierno de Cristina con la Venezuela chavista, que le dan un sentido a la denuncia de Nisman, y todo lo que pasó.
¿Cree que la denuncia contra Cristina está ligada con la muerte de Nisman?
Sí, de eso no tengo ninguna duda. Hay que recordar que en el 2013, Cristina firmó el pacto con Irán sin consultar a Nisman, sin consultar a los familiares de los 85 muertos del atentado contra la AMIA, cosa que fue una sorpresa. Por su parte, Nisman, aliado con Jaime Stiuso, quien entonces era el jefe de Operaciones de la SIDE, hizo una denuncia seis meses después de la firma de este pacto en la que revelaba el avance de una red terrorista iraní en América Latina con base en Venezuela.
Obviamente, la tensión de la relación entre Cristina, Stiuso y Nisman aumentó. Después, lo primero que hizo la ex presidenta fue apoyarse en el servicio de inteligencia de quien era el jefe del Ejército, el general César Milani, para finalmente, en noviembre de 2014, echarlo a Stiuso. Todos esos hechos fueron muy traumáticos.
¿Qué consecuencias tuvo el pacto firmado con Irán?
Todos los jueces argentinos y todos los presidentes argentinos, incluyendo a Néstor Kirchner y exceptuando a Cristina, han sostenido que Irán es el responsable ideológico de los atentados que sufrió la Argentina: la embajada de Israel en 1992 y el atentado a la AMIA en 1994. Sin embargo, nuestro país no tiene recursos para investigar a los autores materiales, a los autores intelectuales de Medio Oriente.
Tenemos un servicio de inteligencia limitado. Entonces, la única herramienta que teníamos para tratar de indagar a los acusados, a los autores ideológicos, como Mohsen Rabbani (agregado cultural de Irán en Buenos Aires) y a otros siete u ocho iraníes, eran las alertas rojas de Interpol, que a estos funcionarios les impiden viajar por el mundo.
En ese sentido, el pacto tuvo una consecuencia concreta porque apenas se firmó, se le informó a Interpol y se le agregó una cláusula –aún vigente- que dice que Argentina e Irán están negociando un acuerdo diplomático por este tema. Se negoció la única herramienta que teníamos y eso fue algo grave. Es como si a mí me embargaran la casa y la Cámara de Diputados dijera ‘señor juez, levantamos el embargo de la casa de Santoro porque estamos aliados con el Poder Ejecutivo y tenemos la razón’. No. Es una decisión judicial en la que no se puede interferir.
Cuando la Justicia finalmente determine qué fue lo que pasó, ¿se podrá poner fin a las dudas que aún existen sobre qué sucedió con Nisman?
Este va a ser uno de esos temas históricos que van a generar un debate permanente. Ya hay seis jueces que dijeron que fue un crimen: el juez Julián Ercolini; los jueces de la Cámara Federal Martín Irurzun y Eduardo Farah; y tres jueces de la Cámara Nacional Penal; más el fiscal Eduardo Taiano; el fiscal de Cámara y el fiscal de la Cámara de Casación. Hay nueve funcionarios judiciales que dijeron que fue un crimen y procesaron a Diego Lagomarsino como partícipe y a los custodios (Luis Ismael Miño, Armando Niz, Rubén Fabián Benítez y Néstor Oscar Durán) por deficiencias en su labor de custodiar a Nisman. Eso es lo que ha dicho la Justicia.
¿Y qué piensa de aquellos que afirman que se trató de un suicidio?
Tienen todo el derecho de pensar así. Al principio, yo tenía la idea de que había sido un suicidio inducido en la medida en que a Nisman podrían haberlo presionado. Pensemos en todas las cosas que desató la denuncia.
Por eso el título de mi libro. Todas las presiones que desató después las vimos en la campaña de desprestigio contra su figura. Un par de días después del crimen aparecieron las fotos de su celular con las mujeres que tenía: estaban impresas en afiches pegados en toda la ciudad de Buenos Aires. ¿Quién puso en marcha esa campaña de desprestigio? Un sector del gobierno de Cristina Kirchner. ¿Por qué lo hizo? Bueno, esa es la pregunta. Porque aquel que no tiene nada que ocultar hubiese dejado que investigara tranquilamente sin ningún tipo de campaña sucia y dejado que esto se investigara desde el principio por la Justicia Penal Federal y no por la Justicia Penal ordinaria, que en el año que estuvo a cargo de la fiscal Viviana Fein mostró una serie de desprolijidades que retrasaron la investigación.
¿En qué instancia está la causa?
Se están buscando a los autores materiales, se están cruzando los teléfonos de la ex presidenta Cristina Kirchner y de otros ministros para ver si hubo algún tráfico inusual de llamadas que pueda señalar algún tipo de incidencia por parte del gobierno de ese entonces en el crimen. El peritaje de Gendarmería, hecho por 40 especialistas de primer nivel, más todo el análisis de las manchas de sangre, refleja claramente que fue un crimen y que hubo otra persona adentro del baño.
Y más allá de estos avances, ¿no existe el riesgo de que se transforme en otro caso del que nunca se sepa concretamente qué sucedió?
No. Yo creo que cuando el juez Ercolini termine con estos peritajes telefónicos y sobre las computadoras, va a mandar la causa a juicio oral y público este año. Y ahí, un tribunal oral va a decidir si Lagomarsino es culpable o inocente. Lo mismo que los policías.
Ahora, respecto de encontrar a los autores materiales es algo sobre lo que todavía no hay indicios en el expediente. De todos modos, eso también pasa en otros crímenes comunes. Hay una cantidad enorme de crímenes que se han demostrado que fueron asesinatos pero nunca se encontró a los autores. Creo que ahí es donde hay que hacer un esfuerzo realmente muy grande para terminar de cerrar todo.
Y lo que pase este año electoralmente, ¿puede influir en el resultado de la investigación?
Sin lugar a duda. Una cosa es el actual contexto institucional. Y otra es un hipotético regreso de Cristina Kirchner, que lo primero que va a hacer es poner en comisión a todos los jueces que no le gusten y empezar a desatar una serie de presiones sobre la Justicia. Va a ser un contexto totalmente distinto. Pero las pruebas están ahí, están en los expedientes. Por más que cambien a los jueces, cualquiera que tenga una preparación profesional, como un buen juez, va a poder ponderarlas como corresponde.