Otro caso paradigmático viene de la mano de la citación a dar explicaciones del juez de Dolores, Alejo Ramos Padilla. El Consejo de la Magistratura tiene en su poder numerosas presentaciones que reclaman una inspección sobre el comportamiento de algunos jueces. "Llamativamente" escoge sacudir su modorra con quien tiene en sus manos una investigación de múltiples dimensiones y consecuencias imposibles de prever.
Es cierto que todos los funcionarios deben brindar explicaciones, pero es llamativa la selectividad de un cuerpo que se caracteriza por sus tenues movimientos para cubrir vacantes y más tenues aún para analizar algunos casos emblemáticos de Comodoro Py.
Si hacemos el ejercicio de alejarnos unos momentos de la contingencia para retrotraernos unos meses hacia atrás, vemos que las tensiones políticas se agudizan, que se juegan bajo los solemnes modos judiciales y que rebotan en los medios de comunicación bajo la modalidad de verdades parciales. Asistimos a batallas simbólicas demasiado virulentas y sospechadas que se despliegan lejos de la luz pública, pero dentro de expedientes judiciales.
De este modo, la política se reduce a un juego de procedimientos. La Justicia se convierte en un árbitro de un juego en el que no debería intervenir y la vida democrática flota sobre la sensación de que lo verdadero es invisible a los ojos.