Emocionante

La Justicia en tiempos de campaña: una maraña de verdades parciales, sospechas cruzadas y escuchas sospechadas

Catalina de Elía
por Catalina de Elía |
La Justicia en tiempos de campaña: una maraña de verdades parciales, sospechas cruzadas y escuchas sospechadas

Se acercan los días decisivos de la campaña electoral. La justicia es arena de disputas cada vez más agudas. Las escuchas de la “Operación Puf”, el juicio por la obra pública y el perito tuitero “anti K”, la citación del Consejo de la Magistratura al juez Alejo Ramos Padilla, el uso del expediente real o ficticio para afectar la imagen de las personas, los contactos entre los teléfonos de Patricia Bullrich y Marcelo D’Alessio, el arrepentido de arrepentirse Vázquez que llevó tranquilidad al primo presidencial Calcaterra.

Son muchos expedientes atravesados por un mismo vector: la sensación de que hay algo más que lo que conocemos públicamente. No interesa si existe ese algo más. Ya con el hecho de que solamente esa sensación exista es un síntoma muy complejo para medir la calidad de nuestra democracia. Muchos ciudadanos sentimos que por debajo de lo que vemos existen choques de intereses invisibles para la gran mayoría. En consecuencia, reflexionamos, intervenimos y decidimos en base a información parcial pese a que la democracia debería distinguirse por la claridad de sus movimientos.

El affaire de las escuchas de la “Operación Puf” es elocuente, puesto que ninguna autoridad explicó con claridad cuál es su origen. El cuadrado que forman el juzgado de Lomas de Zamora, la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) de la presidencia, la oficina de escuchas de la Corte Suprema y el juzgado de Comodoro Py parece no tener salida y permanece la sospecha de que debajo de lo que conocemos existen luchas duras. (Si te interesa leer mi nota sobre la operación puf , las escuchas clickeá acá y el informe alarmante sobre el tema del Relator de la ONU clickeá acá)

Esa sospecha se extiende, inevitablemente, a gran parte de la producción judicial y, en consecuencia, se proyecta sobre resoluciones y sentencias que recaen o van a recaer en juicios muy sensibles para una sociedad que reclama saber si hay culpables o inocentes y “saber de qué se trata”.

Otro caso paradigmático viene de la mano de la citación a dar explicaciones del juez de Dolores, Alejo Ramos Padilla. El Consejo de la Magistratura tiene en su poder numerosas presentaciones que reclaman una inspección sobre el comportamiento de algunos jueces. "Llamativamente" escoge sacudir su modorra con quien tiene en sus manos una investigación de múltiples dimensiones y consecuencias imposibles de prever.

Es cierto que todos los funcionarios deben brindar explicaciones, pero es llamativa la selectividad de un cuerpo que se caracteriza por sus tenues movimientos para cubrir vacantes y más tenues aún para analizar algunos casos emblemáticos de Comodoro Py.

Si hacemos el ejercicio de alejarnos unos momentos de la contingencia para retrotraernos unos meses hacia atrás, vemos que las tensiones políticas se agudizan, que se juegan bajo los solemnes modos judiciales y que rebotan en los medios de comunicación bajo la modalidad de verdades parciales. Asistimos a batallas simbólicas demasiado virulentas y sospechadas que se despliegan lejos de la luz pública, pero dentro de expedientes judiciales.

De este modo, la política se reduce a un juego de procedimientos. La Justicia se convierte en un árbitro de un juego en el que no debería intervenir y la vida democrática flota sobre la sensación de que lo verdadero es invisible a los ojos.