Smoky y las visitas a los hospitales
En pocos días, Smoky se había convertido en un "remedio" efectivo para mejorar el estado de todos los pacientes del hospital. Tal fue la dimensión de ese impacto, que Wynne y Smoky comenzaron a recibir invitaciones para asistir a otros hospitales. Su efecto provocó que más perros se puedan utilizar dentro de las terapias para recuperar a los soldados. Incluso hacia finales de la década del 40 llegaron a donarse hasta 700 perros con esa finalidad para los soldados estadounidenses.
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Wynne y Smoky recibieron invitaciones para asistir a otros hospitales
Durante los cinco días que pasó en el hospital, Smoky dormía con Wynne en su cama por la noche. Mientras que en el día, las enfermeras la recogían por la mañana para llevarla de visitas de pacientes, y luego devolverla nuevamente cuando llegaba la noche. Wynne contaba que había notado el efecto tan poderoso que la perra ejercía sobre los soldados a su alrededor, y cómo Smoky era capaz de alegrar el ambiente, no solo con su presencia, sino también con su personalidad.
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Una historia de amor y superación. Smoky y su dueño, el cabo Bill Wynne.
"Todos sonreían, todos la querían"
Las noticias sobre su capacidad curativa y de levantarle el ánimo a los soldados se extendieron. Por eso motivos, Wynne y Smoky recibieron invitaciones para continuar con la recorrida en otros hospitales. Mientras observaba a los hombres en sillas de ruedas sosteniendo a Smoky en sus brazos, Wynne podía ver la diferencia que estaba haciendo la pequeña perra. “Cuando entramos a la sala, había un cambio total”, confesó en una oportunidad. “Todos sonreían, todos la querían”, repetía.
En cuanto a la vida de Smoky y Wynne, después de la guerra continuaron recorriendo hospitales para ayudar en la recuperación de los soldados. Smoky se retiró en 1955, y murió dos años más tarde, en 1957, a los 14 años. Todavía existe una estatua en Cleveland que inmortaliza la figura de la perrita que se convirtió en toda una heroína de la Segunda Guerra Mundial.
La leyenda de Smoky
Pero su leyenda también llegó a Australia, donde se levantaron monumentos en su honor. En ellos, una estatua reproduce una de las estampas más conocidas de Smoky, en la que la perrita está con la mirada atenta, las orejas levantadas y la boca entreabierta dentro del casco de su dueño. Todo un símbolo del vínculo inseparable que existió entre el soldado Wynne y su más leal y valiente compañera de aventuras.
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Veteranos de la Segunda Guerra levantaron uno de los tantos monumentos dedicados a su memoria
Smoky murió mientras dormía. Wynne y su familia pusieron los restos de la valiente mascota en una caja de municiones de la Segunda Guerra Mundial y la sepultaron en la reserva Rocky River, en Cleveland. Años después, veteranos de la Segunda Guerra levantaron en ese lugar uno de los tantos monumentos dedicados a su memoria. Smoky continuó recibiendo medallas de reconocimiento por su valor.
Admirada y respetada. Así fue la historia de Smoky, un verdadero símbolo de guerra, pero también un símbolo del amor y el cariño más genuino.