Lula está nuevamente en carrera. Y puede aspirar a luchar por la presidencia del Brasil en las elecciones de 2022. Nada menos que frente a Jair Bolsonaro.
Lula está nuevamente en carrera. Y puede aspirar a luchar por la presidencia del Brasil en las elecciones de 2022. Nada menos que frente a Jair Bolsonaro.
El fallo del juez Edson Fachin, integrante del Supremo Tribunal Federal de Justicia (STF), anuló las condenas que pesaban sobre el expresidente por la "megacausa" conocida como Lava Jato.
Esto no significa que sea declarado automáticamente inocente. Las causas en su contra por corrupción vuelven a su estado inicial. Solo que ahora ya no será un tribunal de Curitiba, sino uno de Brasilia, quien revise las acusaciones en su contra.
En su cuenta de twitter, Lula resumió lo que siempre sostuvo sobre sus causas y las condenas recibidas hasta el momento: "La decisión de hoy confirma la incompetencia de la justicia federal de Curitiba y es un reconocimiento de que siempre estuvimos acertados en nuestra larga batalla jurídica."
Tomó ese nombre porque en portugués así se denominan en Brasil a los lavaderos de autos (por el agua lanzada a presión para la limpieza).
Hasta uno de ellos, llegaron los fiscales de Curitiba buscando irregularidades menores. Pero de pronto encontraron que se lavaba no solo autos en esos lugares. También dinero. El cálculo en 2014 fue ascendía a US$ 2.640 millones. La investigación llegó primero a conexiones con la poderosa Petrobrás y luego con derivaciones al caso Odebrecht. Siempre por el desvío ilegal de fondos para casi toda la actividad política.
Un juez tomó gran protagonismo: Sergio Moro. Su acción se comparó con el impacto del "mani pulite" en Italia en 1992 ("manos limpias").
Desde Curitiba dirigió todas las investigaciones que llegaron al punto máximo cuando el 7 de abril de 2018 pidió la detención del expresidente Luiz Inacio "Lula" da Silva.
Por esa tarea, Sergio Moro fue designado como ministro de Justicia cuando Jair Bolsonaro llegó al poder. Pero su labor comenzó a ser cuestionada cuando surgieron audios que demostraban su "influencia" sobre los fiscales para dirigir las investigaciones.
El fallo que beneficia al expresidente se basa en una cuestión técnica.
El juez Fachín encontró la llave para liberar a Lula y ponerlo de nuevo, de lleno, en la arena política. El entonces juez Moro extendió su jurisdicción en Curitiba por el "Lava Jato". El integrante del TSJ determinó que debió concentrarse en el caso Odebrecht. Las causas derivadas contra Lula eran materia para tribunales de Brasilia o de San Pablo. Pero no, en Curitiba.
En consecuencia, declaró nulas todas las condenas en su contra.
Edson Fachin, con 63 años, es uno de los 11 integrantes del STF (como nuestra Corte Suprema de Justicia). Tiene muy buenos contactos con la expresidenta Dilma Rousseff.
Fue precisamente ella quien lo nominó en 2014 para ocupar uno de los puestos en el más alto del tribunal del país.
En 2017, fue el encargado de revisar todo lo actuado por la justicia en el "Lava Jato". Las condenas que recibió Lula nunca fueron ratificadas o rechazadas por el Tribunal Supremo. De ser confirmadas, el expresidente podría haber regresado a la cárcel, en donde pasó 580 días detenido.
Pero Fachín desestimó la jurisdicción del tribunal federal de Curitiba para el caso de Lula.
La decisión judicial no elimina las causas contra Lula. Pero hace que todos los expedientes originales deban ser girados a un tribunal de Brasilia para ser nuevamente investigados. Y podrá volver a ser condenado o absuelto.
La medida adoptada por Fachín también puede ser apelada y en ese caso, el pleno del máximo tribunal brasileño deberá pronunciarse sobre la decisión: ratificarla o rechazarla.
Pero mientras todo eso ocurra, Lula ha recuperado sus derechos políticos. Los mismos que perdió cuando fue detenido en 2018, por no tener la "ficha limpa", libre de antecedentes penales
Esa norma la impuso el propio durante su presidencia entre 2003 y 2010. Por eso no pudo enfrentar a Jair Bolsonaro en las últimas elecciones presidenciales.
En la carrera presidencial
Las causas que volvieron a su primera etapa son tres. Una por haber recibido un apartamento triplex en el balneario de Guarujá, en el litoral del estado de Sao Paulo. Otra por una casa de campo en la localidad paulistana de Atibaia, y la tercera por una investigación sobre un Instituto fundado por el exmandatario.
En el primer caso, Lula fue condenado a 12 años de prisión, que fueron llevados a 17 años en el caso referido a la casa de campo. Sobre el instituto aún no hay sentencia firme.
Pero nada de eso importa para la renovada actividad política de Lula. El tiempo juega a su favor. El "lava jato" comenzó en 2014, las condenas llevaron al expresidente a prisión 4 años más tarde.
Desde el primer momento, sus abogados apelaron cada uno de los fallos del juez Moro en su contra. Y las ratificaciones de las sentencias posteriores.
Hasta que 7 años después, en 2021, Lula quedó rehabilitado para volver a actuar en política.
Con solo repetir estos tiempos en la justicia brasileña es fácil comprender que nada impedirá (salvo un milagro jurídico) que pueda presentarse a las elecciones presidenciales de 2022. Es muy posible que sea contra Jair Bolsonaro.
De nuevo, dos proyectos de país y de estilos en pugna.