Para Brittany Norwood, el descubrimiento representó una amenaza directa. No solo temía perder su empleo: arrastraba antecedentes de problemas de conducta y pequeños hurtos en trabajos anteriores, lo que podía derivar en consecuencias legales más graves.
El miedo como detonante del crimen
Según determinó la Justicia, el miedo a ser descubierta y despedida fue el motor del ataque. Lo que siguió fue un estallido de violencia que los investigadores describieron como inexplicable por su ferocidad.
Dentro de la tienda, Brittany Norwood atacó a Jayna Murray con al menos cinco armas distintas, todas herramientas de mantenimiento del local. La autopsia reveló un dato estremecedor: la víctima sufrió 331 heridas, de las cuales 107 fueron en la cabeza.
El ataque se extendió durante al menos 20 minutos, tiempo en el que Jayna permaneció con vida, intentando resistir. Los peritos remarcaron que hubo múltiples oportunidades para detenerse, pero la agresión continuó hasta provocar la muerte.
Una escena armada para simular un robo
Tras el asesinato, Brittany Norwood no escapó. Por el contrario, pasó toda la noche junto al cuerpo de su compañera, planificando un encubrimiento que buscaba desviar la investigación.
Se provocó heridas superficiales, se ató las manos y los pies y desordenó el local, moviendo objetos y cajas para simular un asalto violento. Incluso intentó instalar la versión de que dos hombres habían ingresado al comercio, las habían atacado y abusado sexualmente de ambas.
Cuando la policía llegó al lugar, Brittany se presentó como una sobreviviente traumatizada, un relato que inicialmente fue tomado en cuenta por los investigadores.
Quiénes eran Jayna Murray y Brittany Norwood
Jayna Murray, la víctima
Tenía 30 años, dos títulos de maestría y una vida social activa. Sus familiares y amigos la describían como responsable, empática y comprometida con su trabajo. Aquella noche, su decisión de actuar con honestidad la convirtió en víctima de una violencia extrema.
Brittany Norwood, la agresora
De 28 años, era vista como carismática y extrovertida. Sin embargo, su historial laboral incluía conflictos de conducta y hurtos menores, antecedentes que cobraron relevancia tras el crimen. La Justicia concluyó que actuó movida por el miedo y la desesperación, pero con plena conciencia de sus actos.
Las pruebas que derrumbaron la coartada
Aunque la versión de Brittany fue inicialmente considerada, las inconsistencias comenzaron a acumularse rápidamente.
Huellas de sangre:
Los investigadores encontraron pisadas ensangrentadas que coincidían solo con zapatillas del local, sin rastros de calzado ajeno.
Sin signos de ingreso forzado:
Las puertas y cerraduras estaban intactas, lo que descartaba la presencia de ladrones externos.
Pruebas biológicas clave:
El ADN de Brittany Norwood fue hallado en el automóvil de Jayna Murray, un dato incompatible con su relato.
Testimonios vecinales:
Comerciantes cercanos declararon haber escuchado gritos de auxilio y una discusión entre dos mujeres, pero ninguna voz masculina.
Cada elemento apuntaba en una sola dirección: la única sobreviviente era también la autora del crimen.
El juicio y la palabra “masacre”
Durante el juicio, la defensa intentó instalar la hipótesis de una pelea que se salió de control. Sin embargo, la fiscalía demostró que el ataque fue prolongado, consciente y deliberado.
Los fiscales subrayaron que:
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Hubo 331 golpes, no un arrebato momentáneo.
Brittany cambió de arma en varias ocasiones.
Tras el asesinato, planificó durante horas el encubrimiento.
Fingió ser víctima, engañando a la policía y a la familia de Jayna.
En enero de 2012, el tribunal condenó a Brittany Norwood a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. El juez calificó el crimen como una “masacre” y destacó la crueldad psicológica de simular un ataque sexual inexistente.
Actualmente, cumple su condena en el Maryland Correctional Institution for Women.
Un caso que aún estremece
El crimen de Jayna Murray sigue siendo analizado en ámbitos judiciales y académicos como un ejemplo de violencia extrema motivada por el miedo a las consecuencias. También dejó una lección clara: incluso los delitos más pequeños pueden escalar hasta tragedias irreversibles cuando se combinan con personalidades violentas y decisiones desesperadas.
Detrás de una marca asociada al bienestar y la vida saludable, se escondió una historia de brutalidad que nadie pudo anticipar.