"No sabemos como lo hicieron y hasta donde pueden tener información". La frase, por sí sola, es preocupante. Pero adquiere una dimensión mucho mayor cuando quien la pronunció es el jefe del Pentágono, Lloyd Austin.
"No sabemos como lo hicieron y hasta donde pueden tener información". La frase, por sí sola, es preocupante. Pero adquiere una dimensión mucho mayor cuando quien la pronunció es el jefe del Pentágono, Lloyd Austin.
El secretario de defensa de los Estados Unidos tuvo que aceptar la fuga de datos confidenciales de la seguridad norteamericana sobre la guerra entre Rusia y Ucrania, que no dejan bien parada a la Casa Blanca.
La plataforma Discord es la que reveló por las redes sociales los documentos secretos de la defensa norteamericana en la que queda en evidencia el espionaje tanto sobre Volodimir Zelensky y los aliados europeos en plena guerra con Rusia.
El presidente Joe Biden viaja hoy a Irlanda y es muy probable que a su llegada tenga que dar una explicación de la Casa Blanca por esta dura filtración.
A los funcionarios del departamento de defensa norteamericano no les quedó otro camino que reconocer que se trata de información “altamente confidencial y clasificada” que representa “un riesgo muy grave para la seguridad nacional”.
Los datos que se filtraron esos documentos se concentran básicamente en el seguimiento que viene realizando los Estados Unidos sobre la guerra en Ucrania. Allí hay estimaciones y evaluaciones sobre la marcha del conflicto que al rebelarse traen múltiples problemas a los Estados unidos.
Este último punto no debería sorprender porque para eso están los servicios de inteligencia. En cualquier lugar del mundo, su primer punto es no confiar en nadie o querer saber aspectos reservados de gobiernos y personas. Pero cuando salen a la luz, ya tienen otra dimensión. Por lo menos, causan un escándalo diplomático.
Dos ejemplos: sobre el final del mandato de Angela Merkel, se supo que su teléfono personal - con especiales medidas de seguridad - fue espiado sistemáticamente por la inteligencia norteamericana desde 1999. La entonces canciller de Alemania exigió una explicación y unas disculpas por tal revelación.
En el caso del presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, fue el propio Donald Trump quien lo puso en el medio de la política norteamericana cuando lo llamó para pedirle que espiara y revelara si el hijo de Joe Biden estaba metido en actividades que podrían entrañar sobornos (Hunter Biden tenía negocios comerciales, como la explotación de gas desde Crimea).
Con la llegada de Joe Biden al poder, es lógico suponer que antes de apoyarlo económicamente y con armas, el servicio secreto le hubiese dado informes sobre la "lealtad" del mandatario ucraniano. Si el secreto se mantiene, no hay escándalo, pero los documentos revelados por "Discord" hicieron fiel reflejo de su traducción al castellano: trajeron la "discordia" entre Washington y Kiev.
Ahora, el Pentágono tiene que encontrar la manera de "conformar" a sus aliados. El portavoz de la secretaría de defensa, Cris Meagher sabe que es una tarea difícil: “Es material confidencial altamente clasificado" dijo y admitió que EE.UU. se ha visto “comprometido a altos niveles” con sus aliados por la calidad de los "papers" en la filtración.
En 2010 más de 290.000 cables cifrados de Estados Unidos se conocieron en todo el mundo. Se lo llamó "Wikileaks" en una unión de "filtración" (leak en inglés) con Wiki (por Wikipedia) en el sentido de una suerte de enciclopedia sobre actividades secretas que se conocieron gracias a ese "descuido" de las seguridad norteamericana.
Se detuvo y culpó como traidor a la patria al soldado Bradley Manning que estaba en Bagdad, Irak.
Se lo juzgó por poner en peligro a la seguridad de los Estados Unidos y se lo condenó a 35 años de prisión. El presidente Barack Obama luego conmutó su pena. Pero su vida cambió para siempre, fue detenido y liberado varias veces más.
En el transcurso de ese proceso, modificó su condición de género: autopercibida como mujer, cambió su nombre al de Chelsea Manning y, estando presa, intentó suicidarse al menos dos veces.
Julian Assange, el receptor de la información que publicó como los Wikileaks, tuvo que asilarse en la embajada de Ecuador en Londres. El presidente Lenin Moreno revocó ese exilio y Assange fue detenido a la espera de una extradición a los Estados Unidos. Está alojado en la cárcel de máxima seguridad de Balmarsh en el Reino Unido.
Cumple 4 años de detención y organismos defensores de Derechos Humanos y de la libertad de prensa dicen que su condición mental se ha deteriorado. Por eso, enviaron una carta al departamento de Justicia de Estados Unidos para que desista del pedido de extradición.
¿Puede suceder algo similar con los responsables de esa nueva filtración?
En los Estados Unidos, esta filtración puede tener consecuencias como cuando los Wikileaks. El departamento de Justicia anunció que hará demanda ante la Corte Suprema para buscar al responsable.
Mientras, los republicanos que controlan la cámara baja, ya los encontraron: apuntan a la Casa Blanca y a los secretarios de Joe Biden (el equivalente a los ministros para la Argentina). Ya pidieron que el titular del Pentágono y el jefe de la CIA y el de la Agencia de Seguridad Nacional, comparezcan en el Capitolio.
Todo en momentos en que Joe Biden prepara su visita de 4 días a Irlanda, un fuerte aliado en Europa. No llega con la mejor de las carpetas debajo del brazo.