Otro aspecto señalado es el costo político internacional. La guerra tensó la relación de Washington con aliados europeos e incluso con el gobierno de Israel, cuyo primer ministro, Benjamín Netanyahu, cuestionó el rumbo de las negociaciones. El acuerdo, además, generó divisiones dentro del propio Partido Republicano, donde algunos sectores consideran que Trump cedió demasiado para conseguir una salida rápida del conflicto.
En definitiva, la crítica central es que Trump busca vender una pausa en la guerra como un triunfo histórico. Pero para sus detractores, el desenlace demuestra que Estados Unidos terminó aceptando un acuerdo que no elimina las amenazas que decía combatir y que, en muchos aspectos, deja la situación estratégica muy parecida a la que existía antes de que comenzaran los combates.
El otro punto en disputa es la devolución del gran parte del dinero incautado a Irán desde el inicio de la guerra. Esto le dará todavía más recursos para el régimen fundamentalista - que lejos de cambiar, como dijo Trump - salen fortalecidos del conflicto. Son nada menos que 300 millones de dólares. Si la cifra impacta por su cantidad, hay otro dato para tener en cuenta. Irán, por todos los daños causados por la guerra, plantea que Washington debería resarcirlo con 24.000 millones de dólares.
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