Tras el empate en Brasil, caída frente a San Lorenzo y triunfo con observaciones de anoche, pasa a debatirse por dónde pasan los problemas del equipo. Se enfatiza mucho en las concesiones defensivas que le cuestan caro, pero también hay que puntualizar que asumir riesgos defensivos es el fundamento de su instinto agresivo en campo rival.
Otro punto que se refleja es la falta de eficacia (el análisis de San Lorenzo cambiaba con otra puntería en la definición de Borré). Y si contamos los 20 partidos que River disputó durante el año, en 8 terminó con el arco invicto y recibió 19 goles. Estos números son inferiores al promedio de otros equipos de su nivel.
Entonces, las falencias forman parte de un todo, más allá de fallas en la definición o en su defensa, y con un esquema u otro, el funcionamiento carece de mayor desarrollo en el mediocampo: en esa zona se imponía en la recuperación y en la generación. Esa responsabilidad queda demasiado recargada en De la Cruz ya que a Palavecino aún le falta ritmo River. Y acá se descubre cuando el juego se vuelve espeso, la relevancia muchas veces infra valorada que tenía Nacho Fernández.
Disimulando ausencias, consolidando incorporaciones que no sabremos si serán refuerzos, buscando el punto de equilibrio y solidez para que los rivales no le copen la parada tan fácilmente, así va River por los caminos de América sosteniendo la etiqueta de candidato, aunque quizás no pueda cumplir hazañas que prometió.