Mundial Qatar 2022

El Mundial desde mi casa: También esto pasará

Argentina estaba en la cuerda floja y revivió en el segundo tiempo. Nos amigamos con el dolor, practicamos el duelo y seguimos adelante. Una idea sobre los cambios que renovaron al equipo.
Diego Geddes
por Diego Geddes |
El Mundial desde mi casa: También esto pasará
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El Mundial empieza de nuevo. Otra vez a pensar en el presente y no convivir con esa sensación de lo que pudo haber sido (las caras de Messi eliminado, la Scaloneta sin pasajeros, mirar hoy España Alemania con desinterés). Seguimos a una derrota de la eliminación, es decir que no cambió demasiado el panorama desde lo numérico, pero en lo anímico la victoria de ayer pone a la Selección en otro punto de partida.

Ahora que llegó el alivio, que ya vimos 30 veces los goles de Messi y de Enzo Fernández (con los relatos de Kuffner, de Rodo de Paoli, del Pollo Vignolo y de relatores japoneses, italianos y los que aparezcan en las redes), parece que tenemos otro Mundial, que se está armando de manera extraña. Escribo mientras Bélgica acaba de perder con Marruecos, un rato más temprano Costa Rica le ganó a Japón.

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Marruecos hace historia en Qatar 2022. (Foto: EFE)

Marruecos hace historia en Qatar 2022. (Foto: EFE)

Lo dijimos hace algunas ediciones, hay muchos equipos de nivel medio que se volvieron muy competitivos, Inglaterra debutó con todo pero después no pudo pasar a Estados Unidos. Ganar cada partido es una misión épica (salvo para Brasil, pero ya veremos cómo sigue).

El primer tiempo de Argentina invitaba al pesimismo, una sensación de incomodidad que no pasaba. México estaba a gusto con un empate que lo dejaba con buenas posibilidades, pero sobre todo el pesimismo venía de sentir que el equipo de Scaloni seguía en modo Arabia Saudita, con cinco cambios pero sin cambiar nada. Salvo Alexis Mac Allister, que se asoció un par de veces con Messi, no había señales positivas. No habíamos pateado al arco.

¿Y entonces qué pasó en el segundo tiempo? Quizás algo que veamos más adelante, en alguna serie del futuro, una arenga o un mensaje de tranquilidad que llegó desde el cuerpo técnico. Una combinación de fiereza para disputar la pelota, movilidad de los de arriba y paciencia para esperar lo inevitable. De Paul fue el abanderado de ese cambio, pero también Otamendi jugó con la intensidad que supo tener el equipo durante su invicto.

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Seguían sin aparecer las chances claras, pero sí una sensación de gol inminente y un momento extraño que cambió la ecuación: Montiel empezó a transmitir indicaciones, lo mismo que el preparador físico del equipo (a quien le conocimos la cara), que se caminó toda la cancha para decirle la fórmula de la Coca Coca a Acuña y los muchachos de la banda izquierda.

Un pase filtrado de Di María al medio encontró a Messi con unos metros de libertad, de frente al arco. Y llegó lo inevitable. Gol de Messi (golazo, otro más), grito con desahogo, llanto contenido en el banco de Aimar y Scaloni.

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Una idea que debería instalarse: los cambios no como un castigo para el que jugó mal, sino para revitalizar al equipo, como cuando en el rugby se cambia a toda la primera línea para que el scrum vuelva a tener fuerza. No vamos a tener una formación inicial de memoria (con algunas excepciones, desde ya), pero los ingresos de varios jugadores en buen nivel deberían ayudar a darle otra vida al equipo: Julián Alvarez, Enzo Fernández, Exequiel Palacios, pero también los que ya salieron antes, Paredes para controlar la pelota, Cuti Romero para reforzar la defensa, Tagliafico para aguantar el desgaste de Acuña. Un equipo más grande.

Por supuesto que es toda letra chica si el miércoles hay una mala noche contra Polonia. Pero hay algo bueno: ya lo ensayamos todos y no pasó, nos amigamos con el dolor, practicamos el duelo y seguimos adelante.

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