"Ayudame...": el desgarrador mensaje de la familia de Erika y la promesa que no llegó a cumplir
El asesinato de Erika Antonella Álvarez, la joven de 25 años hallada sin vida en un basural, generó una profunda conmoción. Mientras la Justicia investiga el crimen y aún no hay detenidos, su familia expresó el dolor.
El desgarrador mensaje de la familia de Erika y la promesa que no llegó a cumplir.
El cuerpo de Erika Antonella Álvarez fue hallado sin vida en un basural del barrio Manantial Sur, en San Miguel de Tucumán. Tenía 25 años. En las últimas horas, su hermano Sergio Álvarez decidió transformar el dolor en palabras. Lo hizo a través de una carta pública publicada en redes sociales. Su mensaje se viralizó rápidamente.
“Hermana mía, mi bebé bella,no sé cómo seguir sin vos”, escribió Sergio en el inicio de su publicación. “Te escribo porque ya no sé a quién hablarle cuando el dolor se vuelve insoportable”, agregó.
A lo largo del texto, el hermano de Erika describe cómo el paso de los días no logró amortiguar la pérdida. “Pasan los días y no se va… al contrario, se hunde más hondo en mi pecho. Intento estar bien, lo intento de verdad, pero la calma me dura minutos y después vuelvo a caer en este vacío inmenso que dejaste”, expresó.
Sergio también relató cómo la ausencia de su hermana se manifiesta en los gestos más simples. “Nada alcanza, nada llena tu ausencia. Me duele despertarme sabiendo que no estás y me duele más dormirme con la esperanza imposible de verte en sueños”, escribió.
En otro pasaje, el hermano de la joven asesinada expresó: “Te arrancaron de nosotros, y con vos se llevaron una parte de mí. No entiendo por qué, no entiendo cómo, solo sé que te extraño con un dolor que no tiene nombre”, añadió.
“Decime cómo seguir adelante sin vos, porque hay días en los que siento que no puedo más. Ayudame a respirar cuando el pecho se cierra”, escribió, y prometió: “Te voy a recordar con amor, decir tu nombre, cuidar tu memoria y pedir justicia por vos”.
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El cuerpo de Erika Antonella Álvarez fue hallado sin vida en un basural del barrio Manantial Sur, en San Miguel de Tucumán.
Una muerte violenta y una investigación en curso
La investigación judicial continúa sin detenidos. La causa está en manos de la Unidad Fiscal de Homicidios, que confirmó que Erika murió como consecuencia de un traumatismo craneofacial grave con luxación cervical, producto de una agresión violenta.
El cuerpo de la joven fue hallado el jueves pasado en un basural ubicado en la intersección de las calles William Bliss y Gerónimo Helguera, en el barrio Manantial Sur. El hallazgo fue realizado por un grupo de mujeres que recolectaban residuos en la zona y que, al advertir la presencia del cuerpo, dieron aviso a la Policía.
Desde entonces, el Ministerio Público Fiscal trabaja en la reconstrucción de las últimas horas de la víctima, analizando testimonios, peritajes y movimientos previos al crimen. Sin embargo, hasta el momento no hay personas detenidas, una situación que profundiza la angustia de los familiares.
“Algo me decía que era ella”
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La familia de Erika reconoció el cuerpo por sus tatuajes y rasgos físicos.
El impacto del crimen también quedó reflejado en el testimonio de la mamá de Erika, Claudia, quien relató cómo fueron los últimos contactos con su hija. “El martes a la noche fue la última vez que hablé con ella. Me escribió y me dijo que el miércoles venía a comer”, recordó.
Erika se había mudado hacía pocos meses a una casa cercana a la de sus padres. El sábado 3 de enero habían compartido un asado familiar y luego continuaron en contacto por mensajes. Pero el miércoles, la joven nunca llegó.
Al no obtener respuestas, la familia fue hasta la vivienda. La casa estaba cerrada y vacía, pero con el aire acondicionado encendido, una escena que despertó las primeras sospechas. Volvieron horas después y todo seguía igual.
El jueves, las redes sociales comenzaron a llenarse de publicaciones sobre el hallazgo de un cuerpo en un basural de la zona sur. “Algo me decía que era ella”, confesó Claudia. El padre de Erika y una de sus hermanas se dirigieron al lugar del operativo policial. La reconocieron por tatuajes y rasgos físicos.
Una promesa de Año Nuevo que nunca llegó a ser
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Erika se había mudado hacía pocos meses a una casa cercana a la de sus padres.
Claudia recordó a su hija como “una buena chica”, con quien tenía una relación de confianza y diálogo permanente. Reconoció que Erika atravesaba un consumo problemático de sustancias y que estaba intentando recuperarse. “En Año Nuevo me prometió que iba a cambiar”, dijo entre lágrimas.
Ese intento de reconstrucción personal quedó truncado de la forma más brutal. “A mi hija me la arrebataron como si su vida no valiera nada”, expresó su madre. Y cerró con una frase que resume el sentimiento familiar: “Voy a buscarlos donde sea necesario”.
Mientras tanto, el reclamo de justicia se trasladó a las calles. Familiares, amigos y organizaciones sociales convocaron a una marcha en Plaza Independencia para exigir que el crimen no quede impune. “Antonella merece justicia. Ni una muerte más en silencio”, señalaron en la convocatoria.
Los últimos rastros y las preguntas sin respuesta
Milena, otra de las hermanas de Erika, aportó detalles clave sobre las horas previas al crimen. “Ella no era una chica que se desaparecía. Nosotros siempre sabíamos de ella”, explicó. Durante el miércoles, al no recibir respuestas, pensaron que estaba durmiendo. “Era habitual que pasara la noche despierta con el celular”, contó.
Una vecina aportó luego un dato inquietante: dijo haber visto a Erika a las 7.30 de la mañana, vestida con un pantalón blanco. Ese fue uno de los últimos registros con vida.
Horas después, cuando Milena leyó una noticia sobre una mujer asesinada, no lo asoció de inmediato. “En mi cabeza, mi hermana estaba durmiendo”, dijo. Pero al acercarse a la comisaría y escuchar las preguntas sobre los tatuajes, la verdad se volvió inevitable. “Cuando se miraron entre ellos, ya supe”, recordó.