Osorio descarta cualquier motivación religiosa o ritual. Y destaca que los peritajes forenses y criminológicos refuerzan su hipótesis. También pidió análisis de ADN y pericias genéticas para identificar un tercer perfil hallado en la escena.
Del otro lado, Carlos Dieguez, representante de los padres de Josué, sostiene una versión mucho más delicada: los crímenes estarían vinculados a una congregación evangelista llamada “Familias Sanas”, que funcionaba en un galpón lindero al descampado. A ese lugar, según la defensa, asistían allegados de Paloma.
Para Dieguez, podría tratarse de un espacio con “tintes sectarios o rituales” y por eso pidió el allanamiento del predio. La policía secuestró un celular que será analizado por cibercrimen. “Queremos saber qué actividades se realizaban ahí y si están registradas oficialmente”, expresó.
La causa de Paloma y Josué, estancada y dividida
Las diferencias entre los abogados escalaron y se hicieron públicas. Osorio renunció a representar al padre de Paloma por “diferencias de estrategia” con su colega. “Cada uno sostiene una verdad distinta”, señaló.
El fiscal Darío Provisionato, de la UFI N°1 de Florencio Varela, intenta avanzar con un enfoque técnico. Ordenó nuevas extracciones de sangre a familiares para cotejar perfiles genéticos y sigue los análisis del teléfono incautado.
Por ahora, no hay detenidos, ni móviles claros, ni una hipótesis dominante. La causa está paralizada, con las familias en duelo y enfrentadas, mientras la Justicia intenta reconstruir lo que pasó aquella tarde de verano.