De acuerdo con su testimonio, Barrelier la condujo hasta un sector de la vivienda y le hizo preguntas que la desconcertaron. La joven sostuvo que el acusado parecía interesado en saber si alguien conocía su paradero y quiénes estaban al tanto de la reunión que mantenían.
“Me preguntaba a quién le había compartido mi ubicación y quién sabía que estaba ahí”, relató. Para ella, ese interrogatorio improvisado fue una de las primeras señales de alarma, ya que interpretó que el hombre intentaba averiguar si alguien podría buscarla o advertir su ausencia.
La situación, siempre según la denuncia, escaló rápidamente. La joven afirmó que el acusado comenzó a ejercer un control cada vez mayor sobre ella y que le exigió acciones que la hicieron sentirse amenazada.
Uno de los momentos más impactantes de su declaración fue cuando relató que el hombre le pidió que se quitara la ropa. La víctima aseguró que intentó comprender qué estaba ocurriendo y buscó explicaciones para una conducta que consideró incomprensible.
“Le pregunté por qué hacía todo de esa manera”, recordó. Según dijo, trató de razonar con él y entender cuáles eran sus verdaderas intenciones.
La respuesta que recibió, según su versión, fue desconcertante. Barrelier le habría explicado que otras personas debían verla y que era necesario generar confianza para concretar una operación vinculada con dinero. Aquella explicación no hizo más que aumentar su desesperación.
La joven recordó que comenzó a llorar y a suplicar que detuviera lo que estaba haciendo. En medio de la tensión, intentó apelar a la empatía del hombre.
“Le decía que podía ser su hija, que no entendía por qué me estaba sometiendo a eso”, expresó al rememorar la escena.
Sin embargo, según declaró, sus palabras no modificaron la actitud del acusado. Por el contrario, sostuvo que la situación continuó agravándose.
La denunciante aseguró que Barrelier terminó reduciéndola físicamente. En su exposición ante las autoridades afirmó que fue inmovilizada y que el hombre utilizó distintos elementos para impedir que pudiera escapar o pedir ayuda.
Según su relato, le ató las manos, le sujetó los pies y le cubrió la boca con cinta adhesiva. Aquellos minutos fueron descritos como los más angustiantes de toda la experiencia.
“Tenía miedo de que me hiciera algo peor”, manifestó.
A pesar de encontrarse en una situación límite, la joven logró encontrar una oportunidad para escapar. Aprovechando un descuido, consiguió liberarse parcialmente y salir de la vivienda.
Lo que ocurrió después quedó grabado en su memoria. Desesperada, abandonó la casa prácticamente sin ropa y comenzó a pedir ayuda a los gritos.
“Salí corriendo como pude”, recordó.
Su huida llamó la atención de un grupo de jóvenes que se encontraba en las inmediaciones. Ellos fueron quienes reaccionaron de inmediato al verla en estado de shock.
La víctima contó que los vecinos la auxiliaron, la contuvieron emocionalmente y le proporcionaron una remera para cubrirse.
“Yo estaba casi desnuda. Salí solamente en ropa interior y ellos me ayudaron enseguida”, relató.
La intervención de esas personas resultó clave para que pudiera ponerse a salvo y posteriormente formalizar la denuncia ante las autoridades.
Tras conocerse el episodio, la Justicia ordenó medidas de prueba destinadas a verificar el relato de la joven. Entre ellas se dispuso un allanamiento en la vivienda del acusado.
Durante el procedimiento, los investigadores encontraron algunos objetos que la denunciante identificó como propios. Según explicó, entre los elementos hallados estaban las zapatillas que llevaba puestas ese día, además de prendas de vestir que había mencionado en su declaración.
Ese hallazgo fue considerado relevante porque respaldaba parte de la reconstrucción realizada por la víctima.
No obstante, la joven también señaló que otros elementos que consideraba importantes nunca aparecieron. Entre ellos mencionó su teléfono celular y dos objetos que, según afirmó, habían sido utilizados para intimidarla durante el episodio.
“No encontraron ni el celular ni las armas que yo había mencionado”, indicó.
La ausencia de esos elementos generó interrogantes que, con el tiempo, no llegaron a despejarse completamente dentro del expediente.
Otro aspecto que la denunciante recordó fue la postura adoptada por Barrelier frente a las acusaciones. Según explicó, durante la investigación el hombre negó los hechos y rechazó cualquier vínculo con ella.
“Decía que no me conocía y que todo era mentira”, sostuvo.
Aquella negativa formó parte de la estrategia defensiva desplegada por el acusado, mientras la causa avanzaba lentamente entre declaraciones, pericias y diligencias judiciales.
Con el paso de los meses, el expediente perdió impulso y no registró avances significativos. Esa situación generó frustración en la denunciante, que consideraba que su relato no había recibido la atención necesaria.
Hoy, tras la conmoción generada por el femicidio de Agostina Vega, aquella causa volvió a ser observada con detenimiento por investigadores, especialistas y la opinión pública.
La aparición de antecedentes de violencia suele ocupar un lugar importante en investigaciones de este tipo, ya que permite reconstruir conductas previas y establecer si existieron patrones repetidos a lo largo del tiempo.
En ese marco, el relato de la joven adquirió una dimensión distinta. Lo que en su momento fue una denuncia aislada pasó a ser analizado como parte de una secuencia de hechos que podría aportar información relevante sobre la personalidad y el comportamiento del acusado.
Mientras la investigación por la muerte de Agostina continúa avanzando, la historia de la joven que logró escapar permanece como uno de los antecedentes más impactantes vinculados al detenido.
Su testimonio expone una experiencia extrema marcada por el miedo, la desesperación y la búsqueda de ayuda en un momento crítico. También pone en evidencia las dificultades que muchas víctimas enfrentan cuando intentan obtener respuestas judiciales rápidas y efectivas.
A más de un año de aquellos acontecimientos, la mujer sigue recordando cada detalle de la huida que, según afirma, le permitió salvar su vida. La imagen de correr por la calle casi sin ropa, buscando auxilio entre desconocidos, continúa siendo una de las escenas más difíciles de olvidar.
Ahora, en medio de una investigación que mantiene en vilo a Córdoba y al país, sus palabras vuelven a resonar con fuerza. Lo que alguna vez fue una denuncia individual se transformó en una pieza más dentro de un caso que conmociona a la sociedad y que busca esclarecer todas las circunstancias que rodean al acusado por uno de los crímenes más impactantes de los últimos tiempos.