La filtración de audios inéditos ha sacudido al ámbito médico porteño, revelando una trama de fiestas clandestinas y consumo problemático de drogas entre residentes anestesistas. Los testimonios detallan cómo el acceso a sustancias como Propofol era facilitado por contactos internos en hospitales, permitiendo que los controles antidoping fueran evadidos mediante certificados falsos o avisos previos. La Asociación Argentina de Anestesia y Reanimación (ARVA) es mencionada como responsable de realizar controles periódicos, aunque se sospecha que estos eran anticipados a los implicados.
