El sospechoso había sido señalado como el presunto asesino por sus propios familiares, quienes un día después de descubierto el crimen, realizaron una marcha para pedir por su captura y denunciaron que había cometido el hecho para quedarse con la jubilación de su padre y que, a su vez, era un adicto a las drogas.
La investigación se inició el lunes, cuando una hija de la víctima denunció la desaparición de su padre en la comisaría de Villa Dorrego, tras lo cual se le dio intervención al fiscal de turno en La Matanza, Gastón Bianchi.
Por disposición del fiscal, se realizó un procedimiento con perros rastreadores y personal de Casos Especiales en el domicilio de la víctima, en González Catán, aunque recién el martes, tras el hallazgo de un cadáver cerca de una tosquera del barrio 20 de junio de esa localidad, se obtuvieron indicios de que podía tratarse de la persona buscada.
El hallazgo del cadáver se produjo tras un llamado al 911 de un vecino que percibió un fuerte olor nauseabundo en el lugar, por lo que personal policial se trasladó hasta el sitio y encontró el cuerpo de un hombre envuelto en una bolsa y en el interior de un tanque de agua abandonado a orillas del espejo de agua de dicha tosquera.
"Tenía agua hasta las rodillas y estaba en un avanzado estado de descomposición", explicó a Télam un vocero judicial.
Ante esta situación intervino la fiscal Licalzi, quien ordenó distintas diligencias, en primer lugar, para identificar a la víctima.
Si bien a simple vista los peritos no detectaron lesiones, los médicos forenses que practicaron la autopsia establecieron que murió a raíz de heridas de arma blanca, detalló el mismo informante.
A su vez, en la morgue se confirmó la identidad de la víctima a través de sus huellas dactilares, por lo que la fiscal Licalzi recibió las actuaciones que había iniciado su colega Bianchi por la desaparición de Ibarra y ayer solicitó la captura del hijo Diego.