Historias

Mary Bell: la asesina serial de 11 años que conmocionó a Inglaterra

Durante la década del 60, se convirtió en la homicida más joven del país tras matar a dos nenes. La historia de Mary Bell fue el reflejo años de abusos y violencia.
Ayelén Bonino
por Ayelén Bonino |
Mary Bell

Mary Bell, la pequeña asesina que conmocionó a Inglaterra. 

Cuando se conocieron los crímenes de Mary Bell en la década del 60, pocos medios en Inglaterra quisieron cubrir la historia. Los detalles de los asesinatos eran tan escabrosos que la BBC prohibió cualquier mención del juicio en su noticiero principal y los periódicos dominicales se apartaron del caso. Preferían descartar la información antes que permitir que la macabra noticia de una niña homicida “infectara” a las audiencias más jóvenes.

Mary Flora Bell tenía 11 años cuando estranguló a Martin Brown, de cuatro, y a Brian Howe, de tres. La causa fue tan conmocionante para la época que ni la Justicia ni los medios de comunicación supieron cómo tratar a la asesina serial más joven hasta el momento del país. Su historia escondía, además, años de abusos, golpes y violencia intrafamiliar.

Mary Bell: sus primeros años

Mary Bell nació el 26 mayo de 1957 en Newcastle upon Tyne, Inglaterra. Su madre, Betty, era una prostituta con problemas de adicción que había quedado embarazada a los 17 años y no deseaba a la nena. La mujer solía golpearla, le suministraba grandes cantidades de pastillas, que más de una vez terminaron en sobredosis, y hasta llegó a regalarla a una desconocida para que se la llevara, hecho que fue coartado por una de las tías de la pequeña.

En otra oportunidad, Betty Bell quedó involucrada en un confuso episodio cuando su hija cayó de un alto ventanal y sufrió daños en el lóbulo frontal. Se cree que la madre padecía del "síndrome de Munchausen”, que caracteriza a los padres que hieren de forma intencional a sus hijos para ganar la simpatía de los demás. Lo peor ocurrió cuando Betty comenzó a forzar a Mary a participar de los encuentros sexuales que mantenía con sus clientes.

La pequeña empezó a reflejar en su conducta los años de abusos: se mostraba agresiva con los animales, mojaba la cama de forma crónica y era destructiva y violenta con otros chicos. En rigor, el 11 de mayo de 1968, cuando tenía 10 años, empujó a su pequeño primo desde la cornisa de un techo. Poco después, atacó a tres nenas que jugaban en un arenero y durante su cumpleaños número 11 quiso ahorcar a otra niña en medio del festejo.

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Mary Bell, poco después de sus asesinatos.

Mary Bell, poco después de sus asesinatos.

El horror ocurrió el 25 de mayo de 1968, cuando Martin Brown apareció estrangulado en una casa abandonada. Su cuerpo estaba recostado de espalda junto a una ventana, con sangre y saliva goteando por el costado de su mejilla. A su lado había un frasco de pastillas, lo que en principio hizo pensar que era un accidente. El nene había sido hallado por tres chicos que dieron aviso a unos trabajadores de la construcción.

Ese día, Mary Bell se encontraba en la zona junto a su inseparable amiga Norma Bell, una vecina de 13 años que, aunque tenía un apellido similar, no tenía parentesco. Al momento del hallazgo, las dos chicas se escurrieron dentro de la casa abandonada para ver el cadáver, pero los presentes les pidieron que se marcharan. Entonces, fueron a buscar a la tía de Martin y le dijeron que había ocurrido un “accidente” con “sangre por todas partes”.

En los días siguientes, Mary y Norma se mostraron interesadas por demás en la muerte del nene. “No dejaban de preguntarme: '¿Lo extrañas?' y '¿Lloras por él?' y '¿Su mamá lo extraña?'. Siempre estaban sonriendo. Al final no pude soportarlo más y les dije que se fueran y no volvieran ", contó la tía de Martin años más tarde.

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El lugar donde fue encontrado el pequeño Brian Howe.

El lugar donde fue encontrado el pequeño Brian Howe.

Durante el velorio, Mary visitó la casa del chico e insistió otra vez con ver su cuerpo. La madre, June Richardson, le dijo que no podía porque estaba muerto. “Se dio la vuelta y dijo: 'Oh, sé que está muerto. Quería verlo en su ataúd'. Sonreía. Me quedé sin palabras de que una niña tan pequeña quisiera ver a un bebé sin vida y simplemente cerré de golpe la puerta frente a ella", detalló tiempo después la mujer.

A los pocos días ocurrió otro episodio singular. Una de las guarderías de Scotswood fue vandalizada y en el lugar se encontró una nota que decía: “Yo lo asesiné… así que tal vez vuelva a hacerlo”. La policía pensó que se trataba de una broma. No sabían que el mensaje había sido escrito por Mary. No fue la única pista que dejó del crimen que había cometido. Además de alardear sobre el hecho con los chicos del barrio, hizo un dibujo en un cuaderno de un niño en la misma posición en la que habían encontrado a Martin Brown.

Mary Bell y la aberrante muerte de Brian Howe

La siniestra escena volvió a repetirse el 31 de julio de 1968, cuando Brian Howe, un niño de tres años, fue encontrado sin vida en un descampado cerca de su casa. También había sido estrangulado, pero esta vez tenía en su abdomen marcada la letra "M", además de otros cortes en el cuerpo. A su lado, su asesino había dejado unas tijeras rotas.

El nene había desaparecido horas antes y las dos amigas se habían ofrecido, impávidas, a buscarlo por el barrio. Nadie recaló en estas angelicales preadolescentes que parecían vivir el episodio con emoción. Las primeras sospechas de los investigadores comenzaron cuando, al interrogarlas, Mary mencionó unas tijeras. La presencia del objeto cortante era una prueba confidencial, pero lo describió a la perfección.

El detective Dobson, uno de los oficiales a cargo de la investigación, reparó también en Mary durante el funeral de Brian Howe. “Estaba parada frente a la casa de los Howe cuando sacaron el ataúd. Yo, por supuesto, la estaba observando. Cuando la vi allí, supe que no podía arriesgarme otro día. Ella se quedó allí, riendo y frotándose las manos. Pensé 'Dios mío, tengo que encerrarla o lo hará de nuevo'", contó el hombre tiempo después.

La primera en confesar fue Norma, su amiga. Tras su declaración, la pequeña Bell fue llevada a la comisaría e intentó inculpar a su secuaz. Ambas fueron encerradas en celdas diferentes en la estación de policía Newcastle West End, donde, según contaron oficiales del lugar, se gritaban insultos de puerta a puerta.

Juicio y condena

Durante el juicio, Mary y Norma Bell negaron su responsabilidad en el asesinato de Martin Brown, pero reconocieron que habían estado con Brian Howe el día de su muerte. Mary aseguró en su declaración que Norma había estrangulado al nene. Cuando se le preguntó si tenía miedo de que Norma la matara, respondió: "No se atrevería, porque me daría la vuelta y le daría un puñetazo".

La versión de Norma fue diferente. De acuerdo a su relato, Brian Howe estaba entre un grupo de chicos viendo la demolición de unas casas cuando lo convencieron para ir a jugar a un terreno abandonado. "Mary le dijo a Brian que se acostara" y luego "comenzó a lastimarlo", detalló. Contó, además, que la niña le tapó la nariz, lo estranguló y abandonó el cadáver. Horas después, volvió con una hoja de afeitar y unas tijeras para escribir sobre el cuerpo sus iniciales.

De acuerdo a las crónicas de la época, durante el juicio Mary se mantuvo entre fría y expectante. El 17 de diciembre de 1968, fue absuelta del cargo de homicidio, pero condenada por “asesinato en segundo grado debido a su falta de responsabilidad”. Al anunciar la sentencia, el juez Cusack la describió como "peligrosa" y dijo que había "un riesgo muy grave para otros niños si no se la vigilaba de cerca".

Por su cuenta, David Westbury, un psiquiatra del Ministerio del Interior, aseguró que tenía un trastorno psicopático. Mary se derrumbó y lloró por primera vez al escuchar el veredicto. Su madre y su abuela, sentadas en los bancos detrás, también se quebraron en lágrimas. Su amiga Norma, en tanto, fue absuelta.

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Martin Brown y Brian Howe, los niños asesinados por Mary Bell.

Martin Brown y Brian Howe, los niños asesinados por Mary Bell.

¿Qué pasó con Mary Bell?

La pequeña fue encerrada y tiempo después, en septiembre de 1977, volvió a las noticias tras escapar de la prisión abierta de Moor Court durante algunos días. Por esos años, escribió: “De repente me di cuenta de la enormidad absoluta de mi crimen, que de hecho me ha quitado la vida. No puedo soportar pensar en eso. . . . También sé, en el fondo de mi corazón, que no podría hacer algo tan horrible a propósito. No recuerdo exactamente qué pasó''.

Mary Bell fue liberada de forma definitiva de Askham Grange en 1980, después de haber cumplido más de una década de reclusión. Tenía 23 años y en aquella época se le conocieron diferentes empleos, uno de ellos en un comedor escolar. En 1984, un tabloide se enteró del nacimiento de su hija y la Justicia le otorgó una orden judicial para mantener oculta su identidad.

Pero no le sería fácil a llevar una vida normal. Cuando su beba cumplió cuatro años, se difundió el nombre de Bell y, aterrados, los padres de la escuela donde iba la menor redactaron una petición para excluirla. El mismo año, el padre de la nena y ex pareja de Mary vendió una noticia falsa sobre el caso a los medios y la mujer tuvo que mudarse otra vez.

Su historia volvió a hacerse notoria en 1993 a raíz del caso de James Bulger, un bebé asesinado por dos chicos de diez años. En 1998, Mary Bell tuvo que ocultarse de nuevo. El escándalo estalló luego de que una renombrada periodista llamada Gitta Sereny le pagara un importante suma de dinero para que colaborara en la redacción del libro "Cries Unheard", que contaba la historia de la pequeña asesina.

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Mary Bell, durante su juventud.

Mary Bell, durante su juventud.

"Es realmente divertido pensar que nadie, nadie en absoluto, me habló de una manera para hacerme sentir que lo que hice era real", escribió en uno de los fragmentos, sobre los años del juicio y la investigación. De acuerdo al texto, no fue hasta que tuvo un hijo que la mujer comenzó a reconocer el daño que había hecho.

La publicación causó indignación y Mary Bell se vio obligada a huir después de que varios periódicos sensacionalistas establecieran un campamento frente a su hogar. Harta de que su vida fuera retransmitida de principio a fin, el 21 de mayo de 2003 logró que en el Tribunal Supremo le reconociera su derecho a preservar su anonimato y el de su hija. Hoy, las órdenes judiciales que protegen la identidad de los convictos se llaman en Inglaterra “orden Mary Bell”.

Según el diario británico Daily Mail, la mujer se convirtió en 2009 en abuela a los 51 años. June Richardson, la madre de Martin, que falleció en 2013, habló entonces con los medios y fue contundente. "Espero que cuando ella mire a su nieto recuerde a los dos que asesinó", declaró.

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