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Por qué dos de los rugbiers condenados por el crimen de Fernando Báez Sosa salieron de la cárcel

La situación de los ocho rugbiers condenados por el asesinato de Fernando Báez Sosa volvió a quedar en el centro de la atención pública luego de que se conociera que dos de ellos debieron abandonar temporalmente la unidad penitenciaria donde cumplen sus condenas para recibir atención médica especializada.

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Por qué dos de los rugbiers condenados por el crimen de Fernando Báez Sosa salieron de la cárcel

La situación de los ocho rugbiers condenados por el asesinato de Fernando Báez Sosa volvió a quedar en el centro de la atención pública luego de que se conociera que dos de ellos debieron abandonar temporalmente la unidad penitenciaria donde cumplen sus condenas para recibir atención médica especializada.

Se trata de Máximo Thomsen y Matías Benicelli, quienes en los últimos meses fueron trasladados desde el complejo carcelario donde permanecen alojados para ser examinados por profesionales de distintas especialidades. Aunque los movimientos se realizaron bajo estrictas medidas de seguridad y obedecieron a cuestiones sanitarias, la noticia despertó nuevamente el interés sobre la actualidad de los condenados por uno de los casos criminales que más conmocionó a la sociedad argentina en los últimos años.

De acuerdo con información proveniente del ámbito penitenciario bonaerense, ambos internos fueron derivados a centros médicos específicos para tratar afecciones que requerían estudios y evaluaciones fuera de la unidad donde permanecen detenidos. Las salidas estuvieron vinculadas exclusivamente a cuestiones de salud y fueron autorizadas dentro de los procedimientos habituales contemplados para las personas privadas de la libertad.

En el caso de Thomsen, considerado por la Justicia como uno de los principales responsables del ataque que terminó con la vida de Fernando Báez Sosa, el traslado se produjo a fines de abril. El condenado fue llevado a una dependencia penitenciaria con servicios médicos especializados para someterse a una consulta oftalmológica.

Fuentes vinculadas al sistema penitenciario indicaron que el procedimiento se realizó siguiendo los protocolos establecidos para este tipo de situaciones. La revisión médica buscó evaluar una condición relacionada con su salud visual, motivo por el cual se dispuso su derivación temporal fuera de la unidad donde cumple condena.

Por su parte, Benicelli protagonizó un traslado similar algunas semanas antes. En su caso, la derivación respondió a un problema físico relacionado con sus rodillas. El condenado fue examinado por especialistas en traumatología debido a una afección en los meniscos que venía siendo monitoreada.

Los profesionales que lo atendieron realizaron distintas evaluaciones para determinar la gravedad del cuadro y analizar las alternativas de tratamiento disponibles. Entre las opciones estudiadas figuró la posibilidad de una intervención quirúrgica, aunque trascendió que la decisión definitiva dependería de la evolución médica y de los resultados obtenidos en los estudios complementarios.

Las novedades relacionadas con la salud de ambos condenados reavivaron el interés por conocer cómo transcurre la vida de los ocho rugbiers dentro del sistema penitenciario provincial. Desde que fueron sentenciados por la Justicia, los jóvenes permanecen alojados bajo condiciones especiales, separadas de la población general de internos.

Actualmente cumplen sus condenas en sectores específicos destinados a preservar su integridad física y garantizar condiciones de seguridad acordes a la notoriedad pública del caso. La permanencia en estos pabellones responde a evaluaciones realizadas por las autoridades penitenciarias desde el inicio de sus detenciones.

El asesinato de Fernando Báez Sosa ocurrió durante la madrugada del 18 de enero de 2020 en la ciudad balnearia de Villa Gesell. Aquella noche, el joven de 18 años fue atacado brutalmente a la salida de un boliche luego de una discusión que había comenzado momentos antes dentro del establecimiento.

Las imágenes registradas por cámaras de seguridad, junto con numerosos testimonios, permitieron reconstruir la secuencia que culminó con la muerte del estudiante de Derecho. El caso generó una enorme conmoción social y se transformó rápidamente en uno de los procesos judiciales más seguidos por la opinión pública argentina.

Durante meses, la investigación reunió pruebas, declaraciones y peritajes que fueron incorporados al expediente. Posteriormente, el juicio oral permitió exponer ante el tribunal los detalles del ataque y determinar el grado de participación de cada uno de los acusados.

Tras extensas audiencias y luego de analizar el conjunto de evidencias, los magistrados concluyeron que existían elementos suficientes para condenar a los ocho imputados. La resolución judicial estableció distintas responsabilidades penales de acuerdo con la intervención atribuida a cada uno de ellos durante el hecho.

La pena más severa recayó sobre cinco de los acusados. Máximo Thomsen, Matías Benicelli, Ciro Pertossi, Luciano Pertossi y Enzo Comelli fueron condenados a prisión perpetua como coautores del homicidio agravado. Según determinó la Justicia, la agresión se produjo mediante la participación coordinada de varias personas y en circunstancias que impidieron cualquier posibilidad de defensa efectiva por parte de la víctima.

El fallo sostuvo que existieron agravantes suficientes para aplicar la máxima pena prevista por el Código Penal. Entre ellos se consideró la intervención conjunta de varias personas y las características del ataque sufrido por Fernando, quien quedó indefenso frente a la agresión.

En cambio, para Ayrton Viollaz, Blas Cinalli y Lucas Pertossi, el tribunal dispuso una condena de 15 años de prisión. Los jueces entendieron que su participación encuadraba en una figura penal distinta, por lo que fueron considerados partícipes secundarios del homicidio.

La sentencia representó uno de los momentos más trascendentes del proceso judicial y fue seguida de cerca por miles de personas dentro y fuera del país. Posteriormente, distintas instancias revisaron el fallo, manteniéndose las condenas impuestas a los ocho acusados.

Mientras tanto, la vida de los condenados continúa desarrollándose dentro del ámbito penitenciario. Con el paso de los años, las novedades relacionadas con su situación personal, su estado de salud o eventuales movimientos dentro del sistema carcelario suelen despertar un fuerte interés mediático debido al impacto que tuvo el caso en la sociedad.

Los recientes traslados de Thomsen y Benicelli se enmarcan precisamente en ese contexto. Si bien no modifican su situación judicial ni las condenas que cumplen, reflejan la necesidad de garantizar asistencia médica adecuada a todos los internos cuando las circunstancias así lo requieren.

Las autoridades penitenciarias cuentan con mecanismos específicos para realizar este tipo de procedimientos. Cuando una persona privada de la libertad necesita estudios complejos, atención especializada o tratamientos que no pueden desarrollarse dentro del establecimiento donde se encuentra alojada, se organizan derivaciones temporales bajo custodia.

En el caso de los condenados por el crimen de Fernando Báez Sosa, cada traslado suele generar repercusión debido a la trascendencia pública del expediente. Sin embargo, desde el entorno penitenciario remarcan que se trata de actuaciones habituales contempladas dentro de los protocolos de salud vigentes.

A más de seis años del asesinato que conmocionó a la Argentina, el nombre de Fernando continúa presente en la memoria colectiva. Su familia mantiene vivo el reclamo de justicia y participa activamente en distintas actividades destinadas a recordar su historia y promover la concientización contra la violencia.

Mientras tanto, los ocho condenados siguen cumpliendo las penas impuestas por la Justicia en la provincia de Buenos Aires. En ese marco, los recientes controles médicos de Thomsen y Benicelli se suman a la extensa lista de acontecimientos que, periódicamente, vuelven a poner el foco sobre uno de los casos policiales y judiciales más impactantes de las últimas décadas.

Por ahora, ambos internos regresaron a la órbita del sistema penitenciario tras recibir la atención correspondiente. Las evaluaciones médicas continuarán de acuerdo con las indicaciones de los especialistas, especialmente en el caso de Benicelli, cuya situación traumatológica permanece bajo seguimiento profesional. De esta manera, la historia judicial que marcó un antes y un después en la sociedad argentina vuelve a generar repercusiones, esta vez por cuestiones vinculadas a la salud de dos de los condenados.