Bajar las tasas de interés es clave para poder relanzar la economía: hoy las empresas (especialmente las pymes industriales, que son las que generan empleo y dinamizan la economía) no tienen cómo financiarse y tienen poco margen para subsistir en medio de la crisis. Si no facturan, cierran y echan gente. Otra no hay.
El problema es que si se bajan esas tasas muchos de los capitales van a ir a parar al dólar, lo que generaría que “el verde” se dispare más y que aumente la inflación, lo que a su vez obligaría a volver a subir las tasas. Una idea que está dando vueltas es la de usar las Lelics y transformarlo en capital de trabajo para pymes. Son solo ideas, por ahora… (Sobre la posibilidad de dar créditos con tasa subsidiada a las Pymes, Dujovne solía decir que el problema era que los empresarios usaban ese crédito barato para comprar dólares).
Desde el Frente de Todos insisten en que no es necesario anticipar medidas. Más importante que las acciones concretas es la estrategia de fondo. Y la estrategia –dicen- es accionar sobre la economía para corregir los desvíos y asimetrías que genera el mercado. Kicillof, por ejemplo, orientó el último tramo de su campaña para recorrer distintas zonas productivas de la provincia de Buenos Aires y escuchar sus necesidades.
Cualquier programa económico que se quiera implementar necesita del paraguas político de un gran acuerdo económico y social que genere una fuerte cohesión en algunos temas. En esto coinciden tanto el peronismo como Juntos por el Cambio. Hasta Durán Barba, que siempre se opuso a este tipo de acuerdos, viene fogoneando el tema en sus columnas en el diario Perfil.
La negativa de Durán Barba a este tipo de grandes acuerdos superestructurales tenía su fundamento: era difícil (sino imposible) comprometer al kirchnerismo a apoyar las reformas estructurales que Macri creía que había que encarar. Cuando Macri asumió, la herencia era pesada pero las variables sociales estaban controladas. Hoy el escenario cambió. “El Temor (con mayúscula) es un gran ordenador”, sugieren cerca de Alberto. Dicho en otros términos, es más fácil que representantes sectoriales (sindicatos, empresarios…) estén abiertos a ceder, cuando del otro lado aparece una amenaza real de estallido social. Ese pacto debería ser a corto plazo y con compromisos muy fuerte de los sectores.
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Alberto con los "Curas Villeros"
Alberto con los "Curas Villeros"
En las sombras del poder, todo el peronismo intenta dar señales hacia afuera de que ese acuerdo va a existir. Como pasó en 2001, el gran garante de todo va a ser la iglesia. No por nada, hace unos días el llamado “Canciller del Papa”, Marcelo Sánchez Sorondo, se mostro públicamente con Hugo Moyano. En primera fila estaba Eduardo Valdes, exembajador del Vaticano y uno de los hombres más cercanos a la fórmula presidencial del Frente de Todos.
Pero a estos acuerdos les sigue faltando una última pata: la política. No está claro en qué vayan a ser compatibles los modelos de país de Juntos por el Cambio y los del Frente de Todos. Sin un acuerdo político paraguas que le dé previsibilidad a todos los actores de que (con cualquier gobierno) se va a seguir una misma política económica, la cosa va a estar complicada.
Esas discusiones están muy lejos de ser saldadas: la Argentina tiene serias dificultades para ponerse de acuerdo y los debates, cuando se dan, no sirven para generar una síntesis sino para profundizar las grietas y que cada candidato le siga hablando a su público.
Algo así se va a vivir en los próximos días durante el debate presidencial obligatorio. En algo sí hubo acuerdo: ninguno de los candidatos quería que hubiera cruces entre ellos ni preguntas incómodas, explicaron a A24.com fuentes al tanto de las negociaciones. Solo el Frente de Izquierda demandó repetir el formato de 2015, en que los candidatos podían preguntarse entre sí. También se descartó de plano la posibilidad de que existieran cruces verbales entre ellos
En síntesis, en el debate no va a haber debate. Van a ser exposiciones simples, escalonadas. No es poco teniendo en cuenta que nunca hubo un debate presidencial de primera vuelta en la Argentina con todos los candidatos presentes… pero demuestra lo mucho que aún falta.
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