La revelación es histórica y abre un sinfín de interrogantes sobre los atentados terroristas en la Argentina.

El Mossad reveló datos desconocidos sobre los atentados a la AMIA y a la embajada de Israel
La revelación es histórica y abre un sinfín de interrogantes sobre los atentados terroristas en la Argentina.
El servicio de inteligencia de Israel brindó detalles de una investigación que hizo sobre cómo Hezbolá realizó los salvajes ataques en Buenos Aires, y también profundiza sobre los autores de los hechos.
La investigación, replicada por el diario estadounidense The New York Times, revela el modo en el que se planearon los atentados y la forma en que el material para los explosivos ingresó a Argentina. Según explicaron “se introdujo de contrabando en botellas de shampoo y cajas de chocolate. Todo fue hecho por medio de vuelos comerciales”.
Más allá de los detalles cinematográficos, el documento afirma que los atentados se llevaron a cabo por una célula secreta de Hezbolá, “sin recibir ayuda de funcionarios argentinos o agentes iraníes en el país”, contrario a lo que indicaban viejas afirmaciones que guiaron la tarea de investigación del fiscal Alberto Nisman a cargo de la Unidad AMIA. La hipótesis oficial siempre señaló que Teherán había tenido un papel operativo en Buenos Aires. Este documento desmiente eso.
En mi libro de investigación "Nisman ¿crimen o suicidio? ¿héroe o espía?", publicado en 2015, ya se había avanzado sobre el nivel de dependencia que existió entre el fiscal y los Estados Unidos. Los documentos desclasificados conocidos como Wikileaks expusieron el vínculo.
Acá un extracto del capítulo que revela los detalles:
“El día en que se enteró que el escándalo mundial lo salpicaba, estalló en ira. A lo largo de los años, había dejado una huella indeleble de su alineamiento con la Embajada de los Estados Unidos en nuestro país. Cuando explotó el escándalo de los documentos clasificados divulgados Julian Assange, jamás imaginó que ese atrapante juego de claves cifrados y espías arrepentidos lo dejaría al descubierto.
La investigación sacó a la luz ciento noventa y seis documentos emitidos por La Embajada de Estados Unidos en la Argentina en los que figuraba la sigla AMIA. Sólo en cuarenta y seis de esos papers diplomáticos se lo mencionó al fiscal Alberto Nisman.
Muchos de los cables secretos fueron confeccionados con reportes del tratamiento que la prensa desarrollaba por esos días sobre el curso de la investigación del atentado. En el lenguaje de la inteligencia a esa práctica se la llama “Reunión de información. Otras comunicaciones diplomáticas fueron más sensibles y revelaron un vínculo de dependencia entre el fiscal y la sede diplomática y un nexo promiscuo entre Nisman y el FBI, enmascarado en la Oficina Legal de La Embajada.
Los documentos demuestran que Nisman reportó cada movimiento de su investigación judicial, inclusive acercó sus resoluciones para que las revisaran y las corrigieran de ser necesario antes de ser presentadas formalmente. Hasta llegó a pedir “reiteradas disculpas” por avanzar con la llamada “Pista Local” sin antes obtener la anuencia de la diplomacia norteamericana.
Tanta reverencia laboral tuvo su premio en el año 2011, cuando Nisman fue convocado por el Departamento de Estado a desempeñar un rol institucional. El juzgado federal del Estado de La Florida lo contrató, por primera vez, para trabajar oficialmente en la justicia del norte. El cargo al que accedió fue el de “testigo experto” en delitos de conspiración, una suerte de perito especializado para defender los intereses del país en un juicio contra una banda acusada de actos terroristas”.