Todos los esfuerzos puestos en formar a los interesados para que informen a los menos involucrados siempre desde la paridad de su lugar en la sociedad. Menos dirigentes presentes, y más discusión genuina y personalizada. Más testimonios mundanos y menos superestructura. La intervención en los grupos de discusión cotidiana sin propaganda y con menos costos.
La vuelta a la política del boca a boca con las herramientas del mundo moderno. Con una estrategia macro bajada al llano de los problemas cotidianos. Con sobreinformación y capacitación en estrategias de persuasión y control del temperamento para que el que va en busca de la adhesión no se transforme en un militante piantavotos. Con miles de caras desconocidas que sean cada una una pieza de un rompecabezas que forme una figura que sólo se verá al final. Y cuando se vea, ya se sabrá mucho de él y todo el mundo lo conocerá.
Todo esto no significa que la disminución del dirigente de la comunicación lo borre de ella. Incrementa la necesidad de saber más sobre quién es, se persuade al votante para que se interese, le da un lugar activo haciéndolo parte de la construcción política… y los medios tradicionales seguirán siendo quienes se interesen por personalizar una corriente como ha ocurrido siempre. Da más lugar a todos.
Invito a quienes piensen que esto lo ha intentado
algún partido en la Argentina de forma total a que piensen un instante si es
así.
Es hora de que la política entienda que en un mundo hiperconectado el liderazgo se valida en la visibilización del apoyo popular y que una figura se construye de abajo hacia arriba. Por lo menos en esta nueva era global.
(*) El autor es consultor en comunicación política.