Por primera vez en la historia argentina, un vicepresidente elegido democráticamente fue condenado por la Justicia. No fue por un motivo menor: fue condenado en un caso de corrupción.

Y no fue cualquier vicepresidente. Fue el que eligió personalmente (y sin influencias externas) Cristina Kirchner para que lo acompañe durante su segundo mandato. Lo eligió por algunas de sus "virtudes". "La lealtad", "la identificación con el modelo" y "la valentía que hay que tener para ejercer esa lealtad".

Paradójicamente, Boudou cae por una maniobra que inició con supuesto aval político de Néstor Kirchner. El intento por quedarse con la fábrica de hacer billetes, Ciccone Calcográfica. Se valió para ello de una compleja maniobra financiera y empresas fantasmas.

Hasta que estalló el escándalo Ciccone, Boudou era la nueva estrella del kirchnerismo: era simpático, andaba en moto, tocaba la guitarra. El futuro parecía promisorio.

Cuando estalló Ciccone lo mandaron a defenderse en soledad. Fue al Senado a decir que no tenía nada que ver. Con sus acusaciones volteó al entonces procurador Esteban Righi, al primer fiscal de la causa Carlos Rivolo y al primer juez, Daniel Rafecas. Pese a los cambios de actores, la causa avanzó.

Cristina y todo el kirchnerismo hicieron un sistemático sostenimiento de Boudou a lo largo de toda la presidencia. Aunque cayó en desgracia políticamente, nunca dejaron de bancarlo.

El futuro de este militante juvenil de la Ucede, que luego desfiló con D'Elía y Esteche en la fuente de Plaza de Mayo, está sellado. La Justicia lo encontró culpable e irá preso.

Boudou, el de la guitarra, finalmente pasó a la historia. Es el primer vicepresidente condenado por corrupción.