"Más que nunca la orden es no dar fechas, ni cantidades", expresó una alta fuente oficial. Un ejemplo de esto fue el último viaje a Moscú para buscar el tercer embarque de Sputnik V (cuyo prospecto y documentos siguen sin ser públicos, como tampoco el estudio de fase III) en donde la cifra de dosis que se transportó se supo cuando el avión de Aerolíneas Argentinas llegó al aeropuerto ruso.
La búsqueda de mayor mesura en cuanto a los anuncios, en relación a la vacuna, también tiene su pata de disputa política. En el gabinete de Fernández hay varios funcionarios a los que no les cierra del todo la “politización” detrás de las vacunas que se adquirieron y ponen sus miradas nuevamente en el Grupo de Puebla.
Los avances con Astrazeneca con respecto a la vacuna que podría adelantar su llegada son parte de ese esquema. Es por eso, que desde el plano de la comunicación, desde hace 10 días reina un acuerdo, una paz transitoria, en la que buscarán alinearse las diferentes voces bajo una sola premisa: la austeridad. Es que desde hace semanas el Gobierno está en el centro de la escena por las promesas incumplidas con respecto a la cantidad de dosis de vacunas que se tendría a disposición para determinada fecha.
Las quejas por la comunicación también empezaron a surgir desde el Instituto Patria, donde no dejan de comparar los anuncios de la pandemia con las frases que tanto le criticaron al ex presidente Mauricio Macri de “segundo semestre” y “brotes verdes”. Sin ir más lejos, las declaraciones de ese tipo ocuparon buena parte de la agenda mediática de la semana pasada, lo que encendió aún más el enojo dentro del kirchnerismo duro.
“Los nuestros leen Clarín mientras putean a las 10 de la mañana, mientras que los de Juntos por el Cambio están todo el tiempo desarrollando su estrategia de comunicación para esmerilar”, se quejaban en la semana cerca de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
El giro a la austeridad comunicacional se debe, por otro lado, a la mirada sobre las elecciones de medio término que se avecinan. Los números semanales que le lleva a Fernández la consultora Analía del Franco reflejan el malestar en diversos puntos de la sociedad.
Fueron esos mismos números los que recomendaron la ruptura con CTERA en cuanto a la intransigencia por la negativa al retorno a las aulas. Y ahora también son los que grafican el enojo con la gestión de la pandemia.