Aunque la inseguridad dominaba el ranking de preocupaciones de los argentinos, el fracaso del gobierno para doblegar la inflación y poner en marcha la economía desvelaba a millones de argentinos que luchaban para llegar a fin de mes. La encuesta de marzo de 2018 de Reyes-Filadoro indicaba que ocho de cada diez bonaerenses creía que el gobierno estaba haciendo “poco o nada” para resolver el problema de la inflación, el 52% reportaba una situación negativa en la economía de su hogar y el 30% declaraba estar endeudado.
Dos meses más tarde, nuestros estudios revelaban que la inflación había relegado a la inseguridad al tercer lugar, alcanzando el primer puesto en el ranking de problemas, seguida por la falta de empleo. La encuesta de mayo en la Provincia de Buenos Aires también registraba una caída sustancial de las expectativas de mejora y muchas dudas sobre la capacidad del gobierno para sanear la economía. Seis de cada diez encuestados opinaba que la economía iba a empeorar en el próximo año y siete de cada diez desconfiaba de la capacidad del equipo económico para corregir el rumbo.
La corrida cambiaria en mayo de 2018 que desembocó en una depreciación del peso del 20% durante ese mes y en un acuerdo de emergencia con el Fondo Monetario Internacional, hirió gravemente el vínculo del gobierno con los argentinos y con el mercado financiero internacional.
En un acto en Tucumán por el aniversario de la independencia, el presidente realizó un mea culpa en el que reconoció “errores propios” y calificó la crisis como una “tormenta”. La metáfora discursiva, que reemplazó a los pronósticos de baja inflación, brotes verdes y lluvia de inversiones, fue acompañada por la imagen de Macri como un “capitán” preparado para liderar la salida de la crisis y superar la adversidad.
Los intentos comunicacionales del gobierno por transmitir
autoridad y liderazgo chocaban a diario contra la realidad de una inflación sin
techo, un deterioro sostenido del poder adquisitivo y un miedo creciente a la
posibilidad de perder el empleo.
Ocho de cada diez encuestados en la provincia de Buenos Aires afirmaban en septiembre que las medidas de ajuste del gasto público y el nuevo acuerdo con el FMI no darían resultado. Peor aún, la misma proporción de encuestados, creía que para Macri era más importante la opinión de Christine Lagarde, la directora del FMI, que la del ministro de hacienda, Nicolás Dujovne.
La imagen de Macri como un “capitán” de tormenta resultaba poco creíble frente a la inestabilidad del dólar y a un equipo económico que se mostraba impotente y sumiso frente a las fuerzas del mercado. El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional fue interpretado por la opinión pública como un fracaso de la política económica del gobierno de Macri, la claudicación ante los organismos internacionales de crédito y el fin de la ilusión sobre la cual el gobierno construyó el apoyo de la clase media trabajadora lo ayudó a ganar las últimas elecciones.
Macri no logró hasta ahora transformar el deseo y las expectativas de cambio que despertó hace tres años, en satisfacción y prosperidad para los argentinos. Los sondeos de opinión pública demuestran que el gobierno termina el 2018 muy golpeado por la crisis económica, con un serio problema de credibilidad que se refleja en el estado de ánimo de los votantes, pero también del mercado financiero internacional que duda de la capacidad de pago de la deuda externa acumulada desde el 2016 hasta ahora.
A pesar de eso, el gobierno aún cuenta con el apoyo de un tercio del electorado que parece dispuesto a continuar con el rumbo actual. El 80% de esos votantes reporta una buena situación económica y está unido, no tanto por el entusiasmo que le genera el actual gobierno, sino por el rechazo que tiene por la ex presidenta, Cristina Kirchner.
El éxito del gobierno ha sido construir un relato persuasivo que marca claras diferencias con el gobierno anterior, asume algunos errores de gestión y promete un futuro mejor. Tiene ocho meses hasta las elecciones generales de octubre para convencer a los argentinos y demostrar en los hechos que lo peor ya pasó y que lo mejor está por venir.