Enojo

Un debate gris armado a medida de Horacio Rodríguez Larreta

Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
Un debate gris armado a medida de Horacio Rodríguez Larreta

No fue un debate. Apenas preguntas que los candidatos se encargaron, en su mayoría, de no contestar. Hasta incluso hubo algunos centros en las preguntas entre Tombolini y Lammens para que el otro pudiera contestar lo que quisiera. En otros casos, la pregunta se respondió con un “estoy de acuerdo” y el candidato seguía hablando de lo que quería.

Así fue el debate a Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el único distrito que siempre debatió antes de una elección, con excepción de 2011 cuando Daniel Filmus se negó a ir a TN y Mauricio Macri se negó a ir a A24. Esta vez hubo una exposición cruzada pero que lejos estuvo de ser un debate.

Fue la primera vez que un cara a cara de este tipo se organiza por ley. El organizador fue el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad, con apoyo logístico de la Subsecretaria de Reforma Política y Asuntos Legislativos. Se dio la situación inédita de que sea el propio gobierno porteño el que organizó el debate electoral. A nadie le hizo ruido.

El formato fue armado para favorecer a Horacio Rodríguez Larreta. Como número uno de esa gestión tiene en la cabeza los números y datos de la ciudad como nadie. Y frente a una pregunta podía responder sin posibilidad de que su contrincante le replicara. Así, sin brillar, logró sortear uno a uno los cuestionamientos, en un debate que casi no tuvo promoción.

La entrada y salida de moderadores, que en muchos casos no sabían cuál era su rol, solo empastó el debate. La ausencia de público en el estudio, los planos de cámara fijos y la oscuridad de la iluminación (pretendiendo darle mayor solemnidad) terminaron de ensombrecer el panorama. Tampoco se permitió la inclusión de soportes gráficos para que los candidatos ilustraran sus propuestas o críticas. Apenas Matías Tombolini se animó a mostrar una vela; ¿será penalizado por eso?

Por último, los actores ayudaron, con su discurso, a la pobre puesta: salvo el candidato de izquierda, el resto parecía estar leyendo o haber memorizado su libreto. No hacía falta más que eso en un formato que no permitía sorpresa ni desequilibrios, que es la esencia de cualquier debate. La única disrupción se daba cuando sonaba la chicarra y cerraban los micrófonos sin siquiera un segundo más para cerrar una idea.

Hubo propuestas. No es poco. Pero el debate también debe tener como objetivo acercar a la ciudadanía a la discusión de los asuntos públicos, como sostiene Sidney Kraus, uno de los máximos expertos en debates de los Estados Unidos. Para eso hace falta también un poco de show.

Horacio Rodríguez Larreta necesitaba que este debate pasara sin pena ni gloria; no puede arriesgar un solo voto que lo aleje del 50% que necesita para ser reelecto en primera vuelta. Como predica Durán Barba, la idea de los debates es hacer tiempo y dejarlos pasar. Este debate fue hecho a su medida. Se llevó un empate que para él es una victoria.