Enojo

Un debate con seis candidatos, dos actores protagónicos y ningún cisne negro

Esteban Talpone
por Esteban Talpone |
Un debate con seis candidatos, dos actores protagónicos y ningún cisne negro

El primer debate presidencial obligatorio de la historia argentina, entre los seis candidatos que superaron la barrera de las últimas PASO, se podría definir por lo que no fue. Y claramente no fue una catástrofe para ninguno de los participantes. Es decir, no hubo un cisne negro para ninguno de ellos.

Decir si la contienda arrojó algún ganador, resulta bastante más difícil y eso mismo permitiría afirmar que en realidad no lo hubo.

Lo cierto es que ninguno, al margen de alguna que otra chicana dudosamente efectiva, dejó de lado el libreto de lo previsible. Todos parecieron hablar para su propio público y no arriesgarse a ir en busca del electorado no fidelizado.

La otra conclusión que se puede ensayar es que no hubo sorpresas y que es de presumir que las cosas estén hoy más o menos como estaban antes del debate. Los encuestadores podrán hacer a partir de ahora sus propias evaluaciones.

Lo que sí parece claro que el escenario tuvo dos protagonistas principales, Mauricio Macri y Alberto Fernández. Roberto Lavagna, el tercero en discordia, no logró aprovechar la oportunidad de romper la grieta. “Hay un una polarización que sigue vigente”, decía él mismo anoche.

En tanto, Gomez Centurión, Del Caño y Espert, no fueron capaces de evitar aparecer como simples actores de reparto, hablando para sus estrechas clientelas.

Del mismo modo, llama la atención que Cristina Kirchner resultó escasamente aludida. Como se dice popularmente, la sacó barata.

También es curioso que los problemas de la coyuntura económica, como el nivel de reservas del Banco Central y la polémica estrategia del gobierno para evitar la quiebra final del país, pasaron casi desapercibidos.

El debate económico estuvo minado por los lugares comunes y el escaso tiempo de exposición. Ninguno de los candidatos derrocharon segundos en explicar claramente cómo es que piensan hacer para resolver los problemas profundos de la sociedad.

Fernández exhibió la decisión de atacar primero, al tratar de mentiroso a Macri ya en sus palabras de apertura.

Macri llamó la atención por lo mucho que tardó en decir lo que supuestamente no estaba dispuesto a callar como argumento: “el kirchnerismo no cambió”.

La debilidad de ambos pudo haber sido no lograr sacar una ventaja clara. Para definirlo en términos futbolísticos, ambos trataron de ir al ataque sin desacomodarse en defensa.

Y hay que decir que eso puede ser un buen negocio para el candidato del Frente de Todos, quien llegará al 27 de octubre con la amplia ventaja acumulada en las PASO.

Macri, independientemente de que sus asesores se ocuparon anoche de afirmar que salió bien parado, tendrá la obligación de romper la monotonía en el debate final, el próximo domingo.