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El "estilo Trump" ya puso en peligro el delicado equilibrio de Macri en política internacional

por Pablo Winokur | 30 de noviembre de 2018 - 16:06
El estilo Trump ya puso en peligro el delicado equilibrio de Macri en política internacional

Donald Trump fue al encuentro de Macri. Le dijo palabras lindas. Hablaron -por supuesto- del comercio con China, aunque no se sabe exactamente en qué términos. Se dieron la mano y se despidieron. Al salir, la secretaria de prensa de los Estados Unidos, Sarah Huckabee Sanders dijo: “Los dos líderes reiteraron su compromiso compartido de enfrentar los desafíos regionales como Venezuela y la actividad económica depredadora China”. No era lo que el Gobierno argentino quería comunicar del encuentro. 

Lo primerearon y lo durmieron. Ahora es el Gobierno argentino el que tiene que dar explicaciones. Miguel Braun, viceministro de Hacienda ensayó una elíptica explicación:  "Argentina tiene que servir comerciando con cada vez más países y aumentar su flujo comercial". Traducción: 
Argentina no se puede pelear ni con Estados Unidos ni con China.

Macri tiene un problema estructural vinculado a su excesivo optimismo y al rol que le tocó siempre ejercer en la vida: el del jefe que no está acostumbrado a que le digan que no. Cree que cualquier orden que da se debe cumplir y que cualquier elogio a su persona es una sincera verdad.

Pero la vida es un poco más compleja. La gente a veces le dice a uno lo que uno quiere escuchar. A veces se hace una cosa y se dice otra. Macri no está acostumbrado a trabajar con pares; mucho menos con superiores. Es difícil trabajar con Trump.

Como lo es la oposición en la Argentina con los “ventajita” Massa, o el “traidor” Pichetto o el peronismo “racional” que se deja llevar por “las locuras de Cristina”. En el fondo, a Macri lo fastidia que le digan una cosa y hagan otra. Pero así es la política.

Y una duda que se abre: ¿Habrá pronunciado Macri realmente la expresión “actividad económica depredadora”? ¿Habrá mencionado las “prácticas desleales en comercio”? ¿Habrá tenido en cuenta el impacto que podía tener el uso de una palabra u otra en la relación bilateral con otros países? Detalles a los que Macri no suele prestar demasiada atención.

Acá se juegan muchas cosas a la vez.

Trump está en conflicto con la mayoría de los países del G20. Con China por las tensiones en torno al comercio internacional; está en conflicto con la Unión Europea por cuestiones vinculadas a aranceles y –fundamentalmente- por el Acuerdo de  París sobre el cambio climático. Arrastra los históricos problemas con Rusia y suspendió su reunión bilateral con Putin por las tensiones con Ucrania.

La Argentina necesita a Trump y a los Estados Unidos porque es su máximo respaldo en la región y frente al FMI en un momento económico muy complicado. Pero a la vez, la Argentina pregona las ventajas del “multilateralismo”, es decir el diálogo político (y económico) entre todos los países sin polos de liderazgo definidos.

La Argentina no puede desairear a Estados Unidos. Pero a la vez, de acuerdo a esta postura “multilateral” no puede ofender a China (ni a los millonarios desembolsos que promete el gigante asiático y que se materializarán el domingo en las reuniones entre Macri y Xi Jinping con la firma de casi 40 convenios).

No puede ofender tampoco a la Unión Europea, pata fundamental para el ingreso a la OCDE, una de las mecas internacionales a las que Macri quiere que la Argentina acceda.

Francia y China hoy sellaron un acuerdo en que se comprometen a “asegurarse de que el cambio climático no siga avanzando”, según explicó António Guterres, secretario general de Naciones Unidas en conferencia de prensa. En definitiva, más allá del acuerdo concreto, una excusa para aliarse contra Estados Unidos.

El desafío de la diplomacia argentina fue durante todo el proceso de la presidencia del G20 el de encontrar carriles de diálogo en este mar de conflictos cruzados. Hasta ahora, todos le dijeron a Macri que “sí”, le decían lo que quería escuchar… Palabras lindas.

Hoy Trump aparece con el primer desaire. Habrá que ver si se trató de una simple chicana pseudo-criolla o si esta diferencia pone en peligro los acuerdos que tan trabajosamente enebró la diplomacia argentina durante este año.

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