Es que desde esa cartera perciben que el control del mercado de cambios es potestad casi exclusiva del Banco Central, que controla Miguel Ángel Pesce. Se trata del último resorte albertista en la gestión económica: quizás por eso le cuesta tanto al Presidente desprenderse de él.
Las críticas a Pesce vienen desde todos los sectores del Frente de Todos. Desde el kirchnerismo, el massismo, algunos funcionarios de Casa Rosada y del peronismo tradicional. Muchos no le perdonan su pasado radical. Una coincidencia: Martín Guzmán renunció al ministerio de Economía después de pedirle a Alberto Fernández la cabeza de Pesce. Alberto siguió tocando la guitarra y el ministro le renunció vía Twitter.
Así, las coincidencias entre Massa y Guzmán parecen darles la razón a ambos. No hay dólares y los pocos que hay en las reservas no se usan de manera adecuada y todo vuelve a depender de las negociaciones en Estados Unidos.
“Cuando tuvo superávit, no controló nada. Tuvo muchas reservas y las perdió todas”, plantea un funcionario crítico de aquella gestión.
La pérdida de poder interno de Pesce se vio reflejada este martes en lo que fue una intervención del Banco Central en el mercado de cambios. Hizo lo que le reclamaban desde muchos sectores: intervino sobre el final de la jornada para bajar los dólares alternativos y “hacerles perder a los especuladores”. Fue por un pedido expreso de Sergio Massa que -con aval de Pesce- ejecutó políticamente Lisandro Cleri, su hombre fuerte en el banco.
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Massa cuestiona a Pesce por su gestión al frente del Banco Central.
La cumbre con el FMI
Mientras tanto, desde Economía apuestan todo a un viaje a Washington que van a hacer este jueves funcionarios de ese ministerio, encabezados por Gabriel Rubinstein, virtual viceministro y hombre fuerte del Gabinete económico.
La idea fundamental es avanzar en nuevas negociaciones con el FMI para poder fortalecer las reservas. Esto podría implicar -aunque nadie lo dice con todas las letras- un desembolso anticipado de los fondos previstos para 2023.
La renegociación -que el propio FMI reconoció a través de sus voceros- implica un reconocimiento tácito de que buena parte del programa anterior firmado por Guzmán (y refrendado por Massa) ya no tiene más vigencia. Van a encarar entonces lo que denominan un “rebalanceo del programa”.
El anuncio formal de este nuevo acuerdo sería la semana que viene e implicaría ahí sí una baja de los dólares alternativos. En ningún caso está previsto que vuelva a los niveles precorrida. Apenas una leve corrección a la baja. Nadie se anima a decir en cuánto podría quedar.
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Gabriel Rubinstein encabezará el equipo económico que viajará el jueves rumbo a Washington.
El nuevo programa (“rebalanceo”) va a ir acompañado con medidas económicas que se van a empezar a anunciar desde la semana que viene. “¿Va a implicar un nuevo ajuste?”, preguntó A24.com a un funcionario del Ministerio de Economía. “El ajuste ya está en marcha y se puede profundizar”, respondieron.
Desde Economía no descartan una nueva devaluación que vaya ayudando a cerrar la brecha cambiaria que se profundizó en los últimos días. Y también poder ayudar ampliando los beneficios del dólar soja. Todo eso va a entrar en la discusión con el FMI.
Por otro lado, desde Economía apuestan todo al dólar soja. Aunque saben que con estos números bajan los incentivos para liquidar. No obstante, creen que tarde o temprano esa liquidación va a llegar: “Hay una pulseada. Ellos necesitan la plata para financiar la cosecha en medio de una sequía récord”.
Mientras tanto, las miradas están puestas sobre Pesce y sobre Alberto Fernández, que es quien lo sostiene. Una guerra con final abierto.