"Reducir la burocracia"
El ministro Sturzenegger defendió la medida: "La Resolución deroga 973 normas (sí, 973!) y redefine completamente el rol del organismo. Dejamos atrás el régimen en el que el Estado pretendía controlar cada paso del proceso productivo para pasar a un modelo donde se enfoca exclusivamente en garantizar la aptitud para consumo del vino", dijo via la red X.
Entre las obligaciones eliminadas figuran la Declaración Jurada semanal de elaboración y los permisos de tránsito para mover productos entre bodegas, un procedimiento que generaba una carga administrativa significativa. “Las bodegas generaban más de 140.000 permisos de tránsito por año que debían solicitar al Instituto”, según el informe.
Además, dejarán de aplicarse sanciones por presentaciones tardías de declaraciones juradas. El nuevo esquema también convierte en optativas las certificaciones de origen, añada y varietal, aunque se mantendrán las exigidas por mercados internacionales. “El INV continuará emitiendo las certificaciones exigidas para exportaciones, tal como lo requieren los países de destino”, se aclaró.
La medida, impulsada como parte del plan de simplificación administrativa del Estado, redefine la intervención pública en una actividad considerada estratégica. El comunicado oficial la describe como el fin de “un esquema regulatorio sobredimensionado, oneroso, ineficaz y burocrático”.
Los antecedentes de una discusión prolongada
Desde hace años, productores y cámaras del sector reclamaban por la acumulación normativa y la superposición de controles. Según plantearon desde el Gobierno, este rediseño normativo responde a un "diagnóstico compartido por la industria".
En este contexto, el Gobierno presentó la reforma como un paso hacia un modelo regulatorio más ágil y alineado con estándares internacionales. Según indicaron, el INV mantendrá sus funciones de control de calidad e inocuidad, pero ya no fiscalizará las etapas intermedias del proceso productivo.