Enojo

El detrás de escena de un debate tibio sin ganadores ni perdedores

Agustina López
por Agustina López |
El detrás de escena de un debate tibio sin ganadores ni perdedores

Al debate le faltó picante. Las reglas excesivamente rígidas, los tiempos limitados y también la estrategia que llevó cada candidato -que se rompió sólo en contadas ocasiones- contribuyeron para que el encuentro se desarrolle con demasiada normalidad.

Sin embargo, quedó claro que cada participante jugó un papel que definió la cadencia del debate: Gabriel Solano (FIT) criticó constantemente la gestión oficial y denuncio la complicidad del kirchnerismo en la Legislatura porteña. En cambio, Matías Tombolini (Consenso Federal) fue mucho más acartonado y pausado aunque aprovechó cada oportunidad para proponer. Fue medido en las preguntas a sus contrincantes y evitó la confrontación.

Los cruces más esperados de la noche eran los del actual Jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta (Juntos por el Cambio) y su principal competidor Matías Lammens (Frente de Todos), único con chance de sacarle el lugar. Si bien Lammens no se caracteriza por ser vehemente, insistió recurrentemente con la falta de jardines de infantes, las carencias en salud e incluso chicaneó a Larreta diciéndole que el jefe de Gobierno lo tentó en varias oportunidades con trabajar en su gestión.

Rodríguez Larreta, en cambio, fue prácticamente imperturbable. No recogió el guante y se mantuvo en sus propuestas. Destacó sus logros en seguridad y obras de circulación, y evitó la polémica a toda costa.

El jefe de Gobierno porteño mantuvo un gesto adusto durante todo el debate. Ni siquiera cuando la atención caía en otro candidato hacía un gesto o corría la mirada de su atril. En los cortes se reunió brevemente con su tropa (encabezada por su mujer Bárbara Diez) quienes lo alentaron constantemente. "Estuvo muy bien", sintetizó brevemente Larreta antes de salir del estudio ubicado en Almagro. En la puerta lo esperaban una veintena de vecinos que lo abucharon y silbaron mientras caminaba a su auto.

En las filas de Lammens también trascendió el optimismo (¿qué te van a decir?) aunque con cierta frustración ante la imposibilidad de conseguir que Rodríguez Larreta responda, por ejemplo, por qué no hay suficientes vacantes en los maternales. "Estuvo bien. Hicimos lo que pudimos, creo que un par de golpes le pegamos", dijeron al salir en el entorno del presidente de San Lorenzo.

A Lammens se lo vio relajado. Durante los cortes charló brevemente de fútbol con Solano, a quien tenía al lado; e incluso se rió cuando el legislador cerró su participación diciendo que "si no querés que gane Larreta, no votes a Larreta". Se enfocó en destacar algunos logros del oficialismo aunque se quedó corto de propuestas.

Tombolini fue el candidato más acartonado. Cada vez que le tocaba hablar, lo hacía casi como si estuviera en un spot: a la cámara y tratando de "vos" al televidente. Sin embargo, fue quien más propuestas llevó y no chicaneó en ninguna pregunta. Habló sobre la dificultad de pagar las expensas y sobre la necesidad de revitalizar los clubes de barrio. También se enfocó en la seguridad: propuso sumar más cámaras y dotar a la policía con pistolas taser.

Finalmente, Solano ocupó el rol de denunciador serial. Incluso reconoció en varias oportunidades que prefería dedicar su tiempo de propuesta a marcar los errores de gestión oficial. "Lo de Larreta es un relato. Hablan de incluir robótica en las escuelas y le sacan el pan de la boca a los pibes", dijo cuando se trató el eje de educación. El legislador fue quien más "hinchada" llevó: sus compañeros de partido lo alentaron en los cortes y criticaban en voz baja cuando otro candidato hacía una popuesta que no compartían.

El debate fue correcto. Cumplió con todos los puntos, todos tuvieron sus minutos parejos para exponer. Sin embargo, la precisión milimétrica le dio un tinte acartonado y por momentos, aburrido.